Y él replicó:

—Antes casas de orates entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va: así sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano de lo que es razón. El azogue no tiene quietud: así son los ánimos por la continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos andan temblando: así han de hacer los que tratan con los reyes, temblar delante dellos de respeto y temor, porque, si no, es fuerza que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, que es la postrera curiosidad que he de saber, que me quiero volver a jigote, que me hallo mejor?

—Murió Filipo III—dije yo.

—Fué santo Rey y de virtud incomparable—dijo el nigromántico—, según leí yo en las estrellas pronosticado.

—Reina Filipo IV días ha—dije yo[470].

—¿Eso pasa?—dijo—. ¿Que ya ha dado el tercero cuarto para la hora que yo esperaba?

Y diciendo y haciendo subió por la redoma y la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo:

—Más justicia se ha de hacer ahora por un cuarto que en otros tiempos por doce millones[471].

Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo:

—Déjale ir. Que nos tenía con cuidado a todos. Y cuando vayas al otro mundo, di que Agrages estuvo contigo, y que se queja que le levantéis: Agora lo veredes. Yo soy Agrages. Mira bien que no he dicho tal. Que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis. Y siempre andáis diciendo: Ahora lo veredes, dijo Agrages. Sólo ahora, que a ti y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, ahora lo veredes, dijo Agrages[472].