Dijo el viejo:

—¿No has caído en quién puede ser? Éste es Chisgaravís[480].

—Docientos mil déstos andan por Madrid—dije yo—, y no hay otra cosa sino Chisgaravises.

Replicó el viejo:

—Éste anda aquí cansando los muertos y a los diablos; pero déjate deso y vamos a lo que importa. Yo soy Pedro, y no Pero Grullo, que quitándome una d en el nombre, me hacéis el santo, fruta[481].

Es, ¡Dios!, verdad que, cuando dijo Pero Grullo, me pareció que le vía[482] las alas[483].

—Huélgome de conocerte—repliqué—. ¿Qué, tú eres el de las profecías, que dicen de Pero Grullo[484]?

—A eso vengo—dijo el profeta estantigua[485]—; deso debemos de tratar. Vosotros decís que mis profecías son disparates, y hacéis mucha burla dellas. Estemos a cuentas. Las profecías de Pero Grullo, que soy yo, dicen así:

Muchas cosas nos dejaron[486]
Las antiguas profecías:
Dijeron que en nuestros días
Será lo que Dios quisiere.