Pues, bribones, adormecidos en maldad, infames, si esta profecía se cumpliera, ¿había más que desear? Si fuera lo que Dios quisiere, fuera siempre lo justo, lo bueno, lo santo; no fuera lo que quiere el diablo, el dinero y la cudicia. Pues hoy lo menos es que Dios quiere y lo más lo que queremos nosotros contra su ley. Y ahora el dinero es todos los quereres, porque él es querido y el que quiere, y no se hace sino lo que él quiere, y el dinero es el Narciso, que se quiere a sí mismo y no tiene amor sino a sí[487]. Prosigo:

Si lloviere hará lodos,
Y será cosa de ver
Que nadie podrá correr
Sin echar atrás los codos.

Hacedme merced de correr los codos adelante y negadme que esto no es verdad. Diréis que de puro verdad es necedad: ¡buen achaquito, hermanos vivos! La verdad, ansí, decís que amarga; poca verdad decís que es mentira, muchas verdades, que es necedad. ¿De qué manera ha de ser la verdad para que os agrade? Y sois tan necios, que no habéis echado de ver que no es tan profecía de Pero Grullo como decís, pues hay quien corra echando los codos adelante, que son los médicos, cuando vuelven la mano atrás a recibir el dinero de la visita al despedirse, que toman el dinero corriendo y corren como una mona al que se lo da porque le maten.

El que tuviere tendrá,
Será el casado marido,
Y el perdido más perdido,
Quien menos guarda y más da.

Ya estás diciendo entre ti: “¿Qué perogrullada es ésta?” El que tuviere, tendrá—replicó luego—. Pues así es. Que no tiene el que gana mucho ni el que hereda mucho ni el que recibe mucho; sólo tiene el que tiene y no gasta. Y quien tiene poco, tiene, y si tiene dos pocos, tiene algo, y si tiene dos algos, más es, y si tiene dos mases, tiene mucho, y si tiene dos muchos, es rico. Que el dinero (y llevaos esta doctrina de Pero Grullo) es como las mujeres, amigo de andar y que le manoseen y le obedezcan, enemigo de que le guarden, que se anda tras los que no le merecen y, al cabo, deja a todos con dolor de sus almas, amigo de andar de casa en casa. Y para ver cuán ruin es el dinero, que no parece sino que ha sido cotorrera[488], habéis de ver a cuán ruin gente le da el Señor, y en esto conoceréis lo que son los bienes deste mundo, en los dueños dellos. Echad los ojos por esos mercaderes, si no es que estén ya allá, pues roban los ojos. Mirad esos joyeros, que, a persuasión de la locura, venden enredos resplandecientes y embustes de colores, donde se anegan los dotes de los recién casados. ¡Pues qué, si vais a la platería! No volveréis enteros. Allí cuesta la honra, y hay quien hace creer a un malaventurado se ciña su patrimonio al dedo[489], y, no sintiendo los artejos el peso, está ahullando en su casa. No trato de los pasteleros y sastres, ni de los roperos, que son sastres a Dios y a la ventura[490] y ladrones a diablos y desgracia. Tras éstos se anda el dinero. Y ¿no tendrá asco cualquier bien aliñado de costumbres y pulido de conciencia de comunicarle ningún deseo? Dejemos esto y vamos a la segunda profecía, que dice: Será el casado marido. Vive el cielo de la cama (dijo muy colérico, porque hice no sé qué gesto oyendo la grullada), que si no os oís con mesura y si os rezumáis de carcajadas[491], que os pele las barbas. Oíd noramala, que a oir habéis venido y a aprender. ¿Pensáis que todos los casados son maridos? Pues mentís, que hay muchos casados solteros y muchos solteros maridos. Y hay hombre que se casa para morir doncel y doncella que se casa para morir virgen de su marido. Y habéisme engañado y sois maldito hombre, y aquí han venido mil muertos diciendo que los habéis muerto a puras bellaquerías. Y certifícoos que si no mirara..., que os arrancara las narices y los ojos, bellaconazo, enemigo de todas las cosas. Reíos también de esta profecía:

Las mujeres parirán
Si se empreñan y parieren,
Y los hijos que nacieren
De cuyos fueren serán.

¿Veis que parece bobada de Pero Grullo? Pues yo os prometo que si se averiguara esto de los padres, había de haber una confusión de daca mi mayorazgo y toma tu herencia. Hay en esto de las barrigas mucho que decir, y, como los hijos es una cosa que se hace a escuras y sin luz, no hay quien averigüe quién fué concebido a escote ni quién a medias, y es menester creer el parto, y todos heredamos por el dicho del nacer[492], sin más acá ni más allá. Esto se entiende de las mujeres, que meten oficiales; que mi profecía no habla con la gente honrada, si algún maldito como vos no lo tuerce. ¿Cuántos pensáis que el día del juicio conocerán por padre a su paje, a su escudero, a su esclavo y a su vecino? Y ¿cuántos padres se hallarán sin descendencia? Allá lo veréis.

—Esta profecía y las demás—dije yo—, no las consideramos allá desta manera, y te prometo que tienen más veras de las que parecen, y que, oídas en tu boca, son de otra suerte. Y confieso que te hacen agravio.

—Pues oye—dijo—otra:

Volaráse con las plumas,
Andaráse con los pies,
Serán seis dos veces tres.