Volaráse con las plumas. Pensáis que lo digo por los pájaros, y os engañáis, que eso fuera necedad. Dígalo por los escribanos y ginoveses, que éstos nos vuelan con las plumas el dinero[493] de delante. Y porque vean en el otro mundo que profeticé de los tiempos de ahora y que hay Pero Grullo para los que vivís, llévate este mendrugo de profecías, que a fe que hay que hacer en entenderlo. Fuése y dejóme un papel en que estaban escritos estos ringlones[494] por esta orden:
Nació viernes de Pasión
Para que zahorí[495] fuera,
Porque en su día muriera
El bueno y el mal ladrón.
Habrá mil revoluciones
Entre linajes honrados,
Restituirá los hurtados,
Castigará los ladrones.
Y si quisiere primero
Las pérdidas remediar,
Lo hará sólo con echar
La soga tras el caldero[496].
Y en estos tiempos que ensarto
Veréis (maravilla extraña)
Que se desempeña España
Solamente con un Cuarto[497].
Mis profecías mayores
Verán cumplida la ley
Cuando fuere Cuarto el rey
Y cuartos[498] los malhechores.
Leí con admiración las cinco profecías de Pero Grullo, y estaba meditando en ellas, cuando por detrás me llamaron. Volvíme y era un muerto muy lacio y afligido, muy blanco[499] y vestido de blanco, y dijo:
—Duélete de mí, y, si eres buen cristiano, sácame de poder de los cuentos de los habladores y de los ignorantes, que no me dejan descansar, y méteme donde quisieres.
Hincóse de rodillas, y, despedazándose a bofetadas, lloraba como niño.
—¿Quién eres—dije—, que a tanta desventura estás condenado?
—Yo soy—dijo—un hombre muy viejo, a quien levantan mil testimonios y achacan mil mentiras. Yo soy el Otro, y me conocerás, pues no hay cosa que no la diga el Otro. Y luego, en no sabiendo cómo dar razón de sí, dicen: “Como dijo el Otro”.[500] Yo no he dicho nada ni despego la boca. En latín me llaman Quidam, y por esos libros me hallarás abultando ringlones y llenando cláusulas. Y quiero, por amor de Dios, que vayas al otro mundo y digas cómo has visto al Otro en blanco y que no tiene nada escrito y que no dice nada ni lo ha de decir ni lo ha dicho, y que desmiente desde aquí a cuantos le citan y achacan lo que no saben, pues soy autor de los idiotas y el texto de los ignorantes. Y has de advertir que en los chismes me llaman Cierta persona; en los enredos, No sé quién; en las cátedras, Cierto autor, y todo lo soy el desdichado Otro. Haz esto y sácame de tanta desaventura y miseria.
—Aún aquí estáis, ¿y no queréis dejar hablar a nadie?—dijo un muerto hablando, armado de punta en blanco, muy colérico; y asiéndome de un brazo, dijo: