—Yo soy—dijo Mátalascallando[564], y nadie sabe por qué me llaman así, y es bellaquería, que quien mata es a puro hablar, y ésos son Mátalashablando. Que las mujeres no quieren en un hombre sino que otorgue, supuesto que ellas piden siempre. Y si quien calla otorga, yo me he de llamar Resucítalascallando. Y no que andan por ahí unos mozuelos con unas lenguas de portante[565] matando a cuantos los oyen, y así hay infinitos oídos con mataduras.
—Así es verdad—dijo Lanzarote—, que a mí me tienen ésos consumido a puro lanzarotar con si viene o no viene de Bretaña, y son tan grandes habladores, que, viendo que mi romance dice:
Doncellas curaban dél
Y dueñas de su rocino,
han dicho que de aquí se saca que en mi tiempo las dueñas eran mozos de caballos, pues curaban del rocino[566]. ¡Bueno estuviera el rocín en poder de dueñas! ¡El diablo se lo daba! Es verdad, y yo no lo puedo negar, que las dueñas, por ser mozas, aunque fuese de caballos, se entremetieron en eso, como en otras cosas; mas yo hice lo que convenía.
—Crean al señor Lanzarote—dijo un pobre mozo sencillo, humilde y caribobo—, que yo lo certifico[567].
—¿Quién eres tú, que pretendes crédito entre los podridos?
—Yo soy el pobre Juan de buena alma[568], que ni me ha aprovechado tener buen alma ni nada para que me dejen ser muerto. ¡Extraña cosa, que sirva yo en el mundo de apodo! Es Juan de buen alma, dicen al marido que sufre y al galán que engañan y al hombre que estafan y al señor que roban y a la mujer que embelecan. Yo estoy aquí sin meterme con nadie.
—Eso es nonada—dijo Juan Ramos—, que, voto a Cristo, que los diablos me hicieron tener una gata. Más me valiera comerme de ratones, que no me dejan descansar: daca la gata de Juan Ramos[569], toma la gata de Juan Ramos. Y ahora no hay doncellita ni contadorcito, que ayer no tenía que contar sino duelos y quebrantos, ni secretario, ni ministro, ni hipócrita, ni pretendiente, ni juez, ni pleiteante, ni viuda, que no se haga la gata de Juan Ramos. Y todo soy gatas, que parezco a febrero[570]. Y quisiera ser antes sastre del Campillo que Juan Ramos.