“Anoche, de madrugada,
Ya después de mediodía”, etc.,
que cerca de tres siglos después en más de una ocasión parodió el autor de las Fábulas literarias, y, como los farsantes del siglo XVI los acomodasen en lugar de loa y entremés al aderezar las representaciones dramáticas, hiciéronlos populares en toda España y quedaron por proverbio en el vulgo. Véase Cejador, Hist. Leng. y Liter. Cast., I, 433. Esteban.: “Mientras vos queréis ganar premios con vuestros disparates de Juan de la Encina”.
[411] Pudrirse, sentir demasiado males ajenos, como en el Hospital de los podridos, de Cervantes (?).
[412] Sacarle el ojo, como quebrarle el ojo, es el mayor daño que se puede hacer a una persona. Zamora, Mon. mist., 3. Visit.: “Ella, la que pudo quebrar el ojo al demonio”. G. Alf., 2, 2, 1: “No pudo este filósofo... quebrarle los ojos con mayor golpe o pedrada que con llamarle hombre sin amigos”. Mirones: “Su madre, en lugar de consolarla, sacábale los ojos con los dedos”. A. Pérez, Viern. dom., 1 cuar, f. 271: “Toda Jerusalén, que a un grito le quería hundir y sacar los ojos porque llevaba aquella carga”.
[413] Parates, burlesco vocablo, quitado el dis.
[414] Corr., 490: “Haz bien y no cates a quién; haz mal y guárdate”. (Con letras de oro había de estar escrito este refrán, digno de la nobleza y caridad española, que no le he visto en otra lengua. Haz bien y no cates a quién; la otra parte: haz mal y guárdate, aunque está en imperativo, por concordar con el primero, aquí es condicional, y quiere decir: si hicieres mal, guárdate, y debajo de esto, por la consecuencia del daño que se te seguiría, amonesta que no hagas mal, que así como del bien se coge fruto cierto, aunque se haga a los que no pensamos ver más, así también del mal se recibe castigo por caminos no pensados; es la razón que Dios está a la mira para premiar el bien y castigar el mal. Algunos escarmentados truecan las palabras y dicen: “Haz mal y no cates a quién; haz bien y guárdate”. Lo primero, según leyes del mundo, porque hay muchos que hacen mal y no son castigados, y se pasean libres hasta que lo pagan por juicio de Dios, y porque para hacer mal no son menester rodeos, y de suyo se está dicho que se deben guardar. Lo segundo, haz bien y guárdate, se dice con escarmiento y aviso, por ser tan ordinario recibir daño por hacer bien, de que hay muchos ejemplos cada día, como quien presta no cobra, si cobra, no tal, si tal, enemigo mortal; por fianzas, cuántos vemos perdidos y cuántas quejas de ingratitudes y malas correspondencias, y así amonesta al que hiciere bien, mire cómo le hace, y se abroquele para el daño como se fía para pagar; si da la mano a uno que se ahoga, désela de manera que se asegure primero, y tenga cuidado para que el otro no le lleve detrás de sí a lo hondo y se ahoguen entrambos)”. Deshace Quevedo refranes, riéndose irónicamente de ellos, como de los idiotismos en el Cuento de cuentos, “siendo contra el Espíritu Santo, que dice: Si benefeceris, scito cui feceris, et erit gratia in bonis tuis multa; si hicieres bien”, etc. (Edic. de Pamplona y el Ms.).
[415] Corr., 214: “Ni teme ni debe. (Dícese de un atrevido y arrojado y de un desvergonzado)”.
[416] Sorapan, Medic., 14: “De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero”.
[417] De los pescados, el carnero, como el refrán. De las aves, el lechón, o De las aves que vuelan, el cebón, el cerdo, el cochino.
[418] La presentada, la regalada por otro.