[469] Lo embelequen, lo engañen con embelecos.
[470] “dos días ha, dije yo”. (Ms.). Aquí llegaba Quevedo el 2 de abril de 1621, cuando se extendió por su prisión de la Torre la noticia de la muerte de Felipe III.
[471] Rasgo ingenioso, pero de amargo desconsuelo, porque pinta hasta qué extremo habían prostituido los Tribunales en aquella época la inmoralidad y la avaricia.
[472] Agrajes, sobrino de la reina Elisena, madre de Amadís de Gaula, e hijo del rey Languines, es uno de los héroes del famoso libro de Amadís, cuya lectura, muy común entre próceres e hidalgos en los siglos XV y XVI, llevó al pueblo el adagio en fórmula de amenaza, que tan galanamente se ridiculiza en este sitio. Corr., 57: Agora lo veredes, dijo Agrajes con sus pajes. La expresión Ahora lo veredes solían decirla el mismo Agrajes y los demás caballeros, respondiendo a las provocaciones de sus contrarios y remitiéndose a las manos. “Poniendo mano a la espada, arremetió contra Florambel, diciendo: agora lo veréis, don cobarde caballero” (Florambel de Lucea. 4, 1). “Ahora lo veréis, dijo Amadís, y abajando su lanza se vino para él”. (Amad. de Grecia, 2.ª pte., c. 48). “Ahora lo veredes, dijo Agrajes, respondió don Quijote” (Quij., 1, 8).
[473] “hecho en remate de cuchara”. (Ms.).
[474] Dígote sastre. Ser un sastre es ser un pillo, y por tal le tuvo, viéndole con pelo como cerdas de limpiadera, erizado y bermejizo, esto es, de pelo bermejo y malo, señal de ello.
[475] Oir, que no pica. Doy oídos, que eso no daña nunca.
[476] “mirar a quién”. (Ms.).
[477] Este período hállase en todos los impresos estragado y falto. Muchos antiguos manuscritos escriben Harbalias. De arbar; en Covarrubias, harbar, el cual dice que significa “hacer la cosa muy de priesa, como harbar la plana el muchacho, cuando escribe de priesa y mal”. Quij., 2, 4: “Porque no hará sino arbar, arbar, como sastre en vísperas de pascuas”. Nótese que a esto alude Quevedo al tenerle por sastre. J. Enc., 78: “Come, no nos tome | la cuaresma rellanados. | Arbemos estos bocados”. Aquí vale arrebatar, y tal es su propio valor, y lo supone Quevedo, diciendo era un solicitador y un sastre y que parecía remate de cuchara; en fin, que no se ha de dar este nombre a cualquiera, sino al solicitador. La h de Covarrubias es de la etimología que él le dió, del hebraico harbagh, cuatro, porque dice que el que escribe mal hace cuatro letras por una. Véase su etimología en Cejador, Tesoro, R, 48.
[478] “ojos a lo sombrero” (B).