[199] Por sus pulgares, con trabajo, y díjose propiamente del menearlos al hilar. Corr., 633: “Hilado con estos pulgares, por mis pulgares. (Encarece el cuidado de hilarlo)”.
[200] Pulgar-ada es medida del ancho del dedo pulgar, el cual se llamó así del servir para matar las pulgas: Éste mata los cocos, como dice la formulilla para enseñar al niño los nombres y usos de los dedos. Siglo pitagór., 7: “¿Piensas que es esta tela terciopelo | que crece a pulgaradas?”—Dice que a puras pulgaradas, a puro medir se van los mercaderes al infierno.
[201] La oscuridad de sus tiendas, buscada a propósito para engañar, y así muchos colgaban telas delante de ellas. Ordenanz. Valladol., 24: “Otrosi ordenamos y mandamos que ningun mercader de sedas y paños, lienzos y fustanes o sargas tenga en las luces de sus tiendas o votivas colgada ninguna cosa con las que pueda oscurecer ni menos delante de las puertas de las dichas tiendas, si no fuere de manera que libremente pueda entrar la claridad por todo el grandor de ellas”.
[202] Raso, tela, y el cielo limpio de nubes. Márquez, Tr. Jer., 2, 3: “El viento deja el cielo raso”.
[203] Talle de Cerv., Cuev. de Salam.: “Así tiene el talle de hablar por el colodrillo como por la boca”. Laber. amor, 1: “Talle tienen los mozos de avisados”.
[204] Se acuerda Quevedo del comienzo del c. IV, parte 3.ª, De Rege, de Mariana.
[205] Aban-illos, pliegues, y dijéronse por su parecido al aban-illo o aban-ico, de aban-o, que se derivó del vannus o aventador latino. Lope, Entrem. Marq. Alf., t. II, p. 276: “El abano es de su gusto”. Lope, Vaq. Moraña, t. VII, p. 568: “¡Qué abanillo! Una sartén”. Abanillos son lo que, a la francesa, llaman hoy feamente plisé, y que de ordinario se decía aban-ino, otro diminutivo de aban-o, Lope, Dorotea, 2, 5: “Tengo que almidonar tres o cuatro abaninos de cadeneta”. Cuchillada, abertura a lo largo para adorno en los vestidos, que se viese el aforro de otro color. Calzas eran los calzones; atacadas, cuando se ajustaban mucho y se atacaban con muchas agujetas por la cintura para que estuviesen firmes y sin arrugas.
[206] Sin tono y sin son, sin ton ni son, a destiempo, sin discreción ni substancia en lo que dicen. Corr., 564: “Salir sin ton ni son. (Cuando uno habla sin tiempo ni sazón)”. Díjose acaso del cantor que se salía del tono y sonido que le acompañaba, saliéndose de tono, y más ciertamente del bailar fuera de sazón, sin música.
[207] Corr., 553: “Ni es carne ni pescado. (Como el que ni ata ni desata y no es para nada)”.
[208] Que tanto, cuanto. Valdés, Corint.: “Por estas contraseñas se conoce qué tanto tiene el hombre de esta caridad”. Entremeses, s. XVII, p. 55: “Sabéis que tanto lo quieren, que ha enseñado a mi amo el amo, amas, amavi”.