[225] Mateo, 26, 24: “Bonum erat ei, si natus non fuisset homo ille”.

[226] Sin cara, descarados, desvergonzados.

[227] Barbirojo. Tirso, Mari Hernánd., 1, 10: “Que acá son | los jodíos barbirojos”. Ídem, Vergonz. en Palac., 1, 4: “Tenéis el cabello rubio, | no hay que fiar dese pelo”. Es tradición haber sido Judas de poca barba y roja, y debe fundarse esto en que los de tal barba son tenidos por traidores y malos. Corr., 402: “Poca barba y bermeja color, debajo de Dios no le hay peor”. Ídem, 304: “Barba roja y mal color, debajo del cielo no le hay peor”. Ídem, 388: “Pelo bermejo, mala carne y peor pellejo”. Ídem, 54: “Asno cojo y hombre rojo y el demuño todo es uno”. Ídem, 123: “En ruin ganado poco hay que escoger y en barba roja menos que creer”. Ya antes (edic. de Pamplona, 1631, nota 191) dice el texto, hablando de Judas: “Lleguéme con codicia de ver si era barbinegro o bermejo”. En Tac., 13, el dómine Cabra es de pelo bermejo. En Perinola: “Eso dijo la pelijudas, una bermejuela abuchornada de rizos”. Peliju(d)as llaman en Andalucía a las de pelo rojo.

[228] Ello. Corr., 536: “Ello. (Esta palabra ello comienza muchas veces ociosa y se entremete baldíamente en muchas ocasiones: otras es pronombre)”. Píc. Just., 1, 2: “Ello, yo no sé por qué mi padre no me llamó la torda”. Ídem, 2, 1, 2, 3: “Ello, nunca faltan bellacos”.

[229] En P: muy cierto lo que manda la Iglesia Romana; pero en el infierno, capón.

[230] Que el estar, repetido el que, sospecho que... que el estar. Era común, por la claridad, cuando se corta la frase por un inciso cualquiera.

[231] Titio, por haber pretendido deshonrar a Latona. Véase Virgilio (Eneida, 6), Ovidio (Metam., 4), Horacio (Od., 3, 4), Tíbulo (1, 3), Píndaro (Pit., 4), etc.

[232] Sisón, especie de francolín ceniciento. Diálog. montería, 13: “Los sisones gallardos y pintados, que vuelan con tanta gala, que parece que silban con las alas, hiriendo el viento, de donde se les debió de poner el nombre que tienen”. Además es el que sisa, como los despenseros saben hacerlo.

[233] “Tenía un bote junto a sí. No me sufrió el corazón a no decirle algo. Y así, llegándome cerca, le dije: ‘¿Cómo, traidor infame sobre todos los hombres, vendiste a tu Maestro, a tu Señor y a tu Dios por tan poco dinero?’ A lo cual respondió: ‘Pues vosotros, ¿por qué os quejáis deso? Que sobrado de bien os estuvo, pues fué el medio y arcaduz para vuestra salud. Yo soy el que me he de quejar y fuí a quien le estuvo mal, y ha habido herejes que me han tenido con veneración, porque di principio en la entrega a la medicina de vuestro mal. Y no penséis que soy yo solo el Judas; que, después que Cristo murió, hay otros peores que yo y más ingratos, pues no sólo le venden, pero le venden y compran, azotan y crucifican, y, lo que es más que todo, ingratos a vida y pasión y muerte y resurrección, le maltratan y persiguen en nombre de sus hijos. Y si yo lo hice antes que muriese, con nombre de apóstol y dispensero, este bote lo dice, que es el de la Madalena, que codicioso quería que se vendiese y se diese a pobres, y ahora es una de las mayores penas que tengo ésta, ver lo que quería para remediar pobres, vendido. Porque todo lo aplicaba a vender, y después, por salir con mi tema y vender el ungüento, vendí al Señor que le tenía, y así remedié más pobres que quisiera’. ‘Ladrón, dije yo, que no me pude reportar, pues, si viendo a la Madalena a los pies de Cristo te tocó la codicia de riqueza, cogieras las perlas de las muchas lágrimas que lloraba, hartáraste de oro con las hebras de cabellos que arrancaba de su cabeza y no cudiciaras su ungüento con alma boticaria. Pero una cosa querría saber de ti: por qué te pintan con botas’,” etc. (Edición de Pamplona, 1631).

[234] Sólo hallo en Correas, 192: “Las botas de Tobías. (Es apodo ordinario a botas viejas de camino)”.