[245] Los porquerones viven de soplar o ir con el soplo al alguacil. Llamaban así a los corchetes o ministros de justicia. Comed. Florin., 10: “Los que acompañan los alguaciles, que llaman aquí porquerones.—Alguno que tiene envidia a su oficio, les llama tal nombre”.
[246] Además de Raimundo Lulio y los citados, fueron maestros de la alquimia Rosino, Alchindo, Morieno, Gilgilides, Jever, Pitágoras, Avicena, Alberto Magno, Aristóteles, el Panteo, etc, etc. Sobre todo, metió ruido el libro de Juan Francisco Pico Mirandulano, de Auro conficiendo. Pero nadie hizo oro, sino que gastó el suyo y el de sus amigos.
[247] “Y sobre que cada uno quería decir cuál era la cosa más vil se ardían todos”. (Edic. de Barcelona, 1635).
[248] La piedra filosofal llamaban a la materia vil, de la cual soñaban poderse hacer oro puro.
[249] Quiromántico, adivino por las rayas y demás señales de la mano.
[250] Monte de Saturno, la carnosidad que hay en la base del dedo del corazón o medio o dedo de Saturno; el pulgar es el dedo de Venus y monte de Venus toda su gran base, y así, de Júpiter el índice, de Apolo el anular, de Mercurio el meñique, con sus montes correspondientes. Del monte de Saturno baja una línea hacia abajo por toda la palma de la mano, que llaman línea de Saturno o de la suerte. Sin duda, los quirománticos la tienen de irse al infierno.
[251] Vive Dios. Sacaba el horóscopo este astrólogo judiciario, levantando figuras para averiguar qué astro ascendía en el meridiano en el momento de nacer él mismo.
[252] “Otro corría seguido de una tarasca con uñas de a vara y rabo de macho, como vara de alcalde manchego, que le atenazaba con un asador, diciéndole: ‘Aguarda, salta-tumbas, come-estolas y arañón de altares; págame las dos hijas que me robaste en el honor en el campanario de tus hazañas, y que cansado remitistes, por hechiceras, a la hoguera del Santo Oficio’. ‘Cierto’, gritaron dos furias vestidas de sambenitos, por cuyas caperuzas salían negras llamas, y arremetieron a él. El pobre iba dando alaridos que me horrorizaron”. (Lo suprimió la censura en la primera edición, según Castellanos, tomo I, pág. 399).
[253] Calza, hecha de punto de media.
[254] Pedro de Abano, médico y astrólogo. Nació en 1250, en la aldea de Abano, cerca de Padua. El nombre latino de aquel pueblo es Aponus, y por esto se le llamaba Pedro de Apono o Aponensis y también Pedro de Padua. En Medicina poseía todos los conocimientos de su siglo; pero añadió a ellos los sueños todos y delirios de la astrología judiciaria. Acusado de mágico y hereje, fué por la Inquisición perseguido y procesado.