[343] “fistulados empezaron”. (Los impresos).

[344] “en retahila, y siendo así que el décimo regulaba su futura a quinientos años venideros. Todos aceptaron la postmuerte”. (Edic. de Zaragoza.) La de Sancha estropeó más el período diciendo acertaron en vez de aceptaron, y todas hasta hoy lo han reproducido.

[345] “ras con ras con la fin del mundo”. (Todos los impresos).

[346] En 1660 había publicado la de Bruselas lo suprimido, estampando canitas en lugar de cañitas. Sancha lo enmendó, sustituyendo de propia autoridad cenizas, y ocioso es repetir que todas las publicaciones que han venido después han dicho lo mismo. Quevedo alude a la especie, que entonces corría entre el vulgo y ha llegado hasta nosotros, de que uno de los tormentos con que el Antecristo estrechará a los que no le sigan ha de ser introducir astillas de caña entre las uñas de los dedos: especie que provino de los árabes. Luis del Mármol copió en la Historia del rebelión de los moriscos un jofor o pronóstico del año 1567, donde algo de aquella especie se encuentra: “El mundo se ha de acabar... Cuando parecieren en esta generación estas maldades, sujetarlos ha Dios poderoso a gente peor que ellos, que les dará a gustas cruelísimos tormentos, y enviará Dios sobre ellos quien no se compadezca del menor ni haga cortesía al mayor. Les tomarán sus haciendas..., hacerlos han sus cativos, mataránlos..., los atormentarán hasta hacerles echar la leche que mamaron por las puntas de las uñas de los dedos”. (Lib. III, cap. 3).

[347] “Por mí viva muchos años el treinta futuro”. (Edición de Zaragoza y las primeras del siglo XVIII).

[348] “edades. El que pescó el oficio”, etc. (Edic. de Zaragoza).

[349] Saeculum per ignem, del himno Dies irae, el día del juicio; el saecula saeculorum, por los siglos de los siglos, es la eternidad.

[350] A letra vista, por no tener vestidos.

[351] Bacinica, bacín o bandeja chica para pedir.

[352] Una S y un clavo, es-clavo. B. Alcázar, 5: “Púsome en el alma el clavo | su dulce nombre y la S, | porque ninguno pudiese | saber de quién soy esclavo”. Era la S y un clavo enlazado a ella la cifra del nombre esclavo, con que se les herraba.