[393] No será impertinente copiar aquí lo que acerca de este caballo escribe Pandolfo Colenucio en su Historia del reino de Nápoles, lib. 4, cap. 14. Refiriendo cómo el rey de Alemaña, Conrado, tomó por fuerza de armas la ciudad en 1253, derribó sus muros y asoló muchos palacios de próceres rebeldes, “fué—dice—después a la iglesia mayor, y en medio de la plaza della estaba un caballo de bronce sin freno, estatua antigua guardada allí para ornamento y por ventura por armas de la ciudad. Conrado le hizo poner sobre las riendas estos dos versos esculpidos:
Hactenus effrenis, domini nunc paret habenis:
Rex domat hunc aequus Parthenopensis equum”.
[394] Aquí hubo de cortar la censura o el que preparó la edición de Zaragoza, suprimiendo lo que sigue hasta el fin, y estropeando un capítulo como éste, de tal importancia política.
[395] El reino de Nápoles fué desde lo antiguo feudo de la Iglesia, y tenían sus Reyes que recibir la investidura de los romanos Pontífices, que los consideraban como censatarios. A Carlos de Anjou y a su mujer Beatriz les impuso el Papa Clemente IV, cuando en 1265 los coronó reyes de Sicilia, un tributo de 48.000 ducados cada un año para la Sede apostólica. En el Códice H. 50 de la Biblioteca Nacional hay noticia de haberse presentado al Papa el embajador de España, Conde de Castro, miércoles 29 de junio de 1611, con acompañamiento de 500 de a caballo para hacer el feudo acostumbrado en el día de San Pedro por el reino de Nápoles, entregando la hacanea blanca y una póliza de 7.000 escudos.
[396] Esto es, al puerto.
[397] Era anejo del oficio de rufián el robo, el encubrir ladrones, lo alcahuete, valentón, espadachín de alquiler y asesino. Reuníanse en cofradías, sin que pudiesen las justicias exterminar estos desalmados, cuya vida y costumbres retrató prodigiosamente Cervantes en la gallarda novela de Rinconete y Cortadillo, de donde trasladó algunos buenos rasgos a la comedia de El Rufián dichoso. El licenciado Cristóbal de Chaves escribió en 1598 una Relación de la cárcel de Sevilla, curiosísima por las noticias que da acerca de los rufos o germanes y de su lengua y crímenes, que no bastaban a extirpar los más bravos castigos. “Hay semana de diez y ocho azotados y ahorcados, y en galeras, de cincuenta en cincuenta, y si todo se apurase, no creo habría nadie sin pena y castigo”. (Biblioteca Colombina, Aa. 141, 4, fol. 155).
[398] Ene de palo, la horca. Quev., Jácara 2: “Murió en la ene de palo”.
[399] “se pagaban”. (Ms. original).
[400] “hoy”. (Edic. de Zaragoza y todas las demás).
[401] Flores entre tahúres eran las señales en las cartas y demás fullerías que se hacían con los naipes, por darles buen fruto y ser delicadas mañas de ingenio. Entrem. del siglo XVII, p. 291: “Los jardines del naipe los plantamos | a medias, yo ganando, otros perdiendo: | todo cuanto yo gano con mis flores | lloran ellos con ojos infelices; | y así en estos jardines excelentes | mías las flores son, suyas las fuentes”. Navarrete, Casa juego, f. 63: “A cuya voz acuden los de la flor y la estafa”. Así, descornar la flor, o entrevar o entender la flor, era descubrir al jugador la fullería o flor.