La dispepsia, la malaria, la disentería, aparte de la acción térmica del clima, son causas de que el hígado y el bazo sean frecuentemente asiento de lesiones crónicas—congestiones, infartos é inflamaciones. Los abscesos del hígado no se observan sino excepcionalmente. La ictericia catarral es común. En cuanto á la cirrósis hepática, su patogénia nos dice que la hemos de encontrar á cada paso. Paludismo crónico, enfermedades del corazón, alcoholismo, abuso de especias, son otras tantas causas de producción del padecimiento.

La peritonitis no es afección extraña á la patología del campesino.

Al ocuparnos de los venenos morbosos humanos, por lo que se refiere á las fiebres eruptivas, nos remitimos á lo dicho en la patología de la infancia.

La fiebre tifoidea reviste caractéres especiales que han dado lugar á que se niegue por inteligentes médicos su existencia en Puerto Rico, y que por otros se la llame tifóica para reconocer sus caractéres físicos sin declarar que sea la verdadera tifoidea; no es este el sitio de discutir si son ó no legítimas tifoideas todas las pirexias de larga duración con síntomas atáxicos y adinámicos que en esta isla se observan; pero no puede negarse que la tifoidea, aunque sea rara, existe en el país.

La fiebre amarilla castiga también á los campesinos; pero más á los blancos que á los negros, los cuales tampoco están exentos de padecerla. Cuando reina una epidemia de tifus amarillo en alguna población de la costa, son invadidos los campesinos que residen en la localidad epidemiada ó vienen á ella; á veces, aún en los mismos pueblos del interior se desarrollan epidemias mortíferas de vomito negro.

Otras pirexias se encuentran en la patología puertorriqueña, tales como las fiebres gástricas, biliosas, remitentes biliosas, etc.

Debemos citar la erisipela como exantema febril que complica á veces los traumatismos y úlceras, ó se presenta espontáneamente; pero es bueno advertir que por el vulgo se comprende bajo la misma denominación la linfagitis—inflamación de los vasos ganglios linfáticos de suma frecuencia y que se presenta á causa de simples picaduras, de la presencia de niguas ó de ligeras heridas.

Los venenos de orígen animal están representados por la rabia, que es una enfermedad rara; por el muermo, que lo es ménos, pues facilita el contagio el poco cuidado y ninguna medida de aislamiento que se toman con los caballos muermosos; la pústula maligna, picada de la mosca, suele propagarse por las mismas causas, es decir, por el descuido en que se tienen los animales enfermos, la despreocupación en utilizar los cueros de reses muertas de la epizootia, y los malos enterramientos de los animales que sucumben á causa de enfermedades carbuncosas.

Á otras infecciones ménos importantes están expuestos los campesinos; tales son las picaduras de insectos, principalmente del alacrán, escolopendra (cienpiés), arañas, que no suelen por lo general tener consecuencias funestas.

Á título de enfermedad muy general en los campos tócanos hablar del reumatismo; este padecimiento que tiene preferencias por los organismos pobres y por las personas sujetas á privaciones, necesario es que lo encontremos además entre una clase que, por las necesidades de su trabajo, se expone á menudo á las influencias atmosféricas más variadas, y que, sin embargo, se viste muy pobremente, lo necesario para no herir el pudor—y se aloja en casas pésimamente construidas, incapaces de resguardar á los que las habitan de las inclemencias del tiempo.