| Albumina. | Grasa. | Hidrocarbonados. |
| 59 grms. | 34 grms. | 160 grms. |
Adviértase que no es un arreglo caprichoso el que preside á la combinación que á título de una de tantas proponemos. En primer lugar todas las sustancias elegidas son del gusto del jíbaro y con ellas puede preparar un guiso ó rancho aceptable, y á los cuales son aficionados los campesinos; además, todas están al alcance de los recursos del labriego, como se deduce del precio de la ración que no es exorbitante, aún habiéndolo calculado á tipo alzado y como se adquieren aquellas sustancias al por menor:
| 6 | onzas | de harina de maiz cuestan | 1½ | centavos |
| 4 | " | de arroz | 1½ | " |
| 3 | " | de habichuelas | 1½ | " |
| 4 | " | de carne | 2½ | " |
| 1 | " | de legumbres | 3 | " |
| ¼ | " | de tocino | ¼ | " |
| 1 | " | de queso | 2 | " |
| 1 | " | de manteca | 1¼ | " |
| Total | 13½ | centavos | ||
Si por habitar los campesinos lejos de las poblaciones les es embarazoso adquirir cada dia la carne fresca, no es difícil conservarla con una preparación cualquiera; ni hay motivo alguno que justifique en la casa del jíbaro la carencia de aves de corral y de otros animales domésticos con que suplirla.
Á la suma que hemos obtenido como precio de la ración, habría que añadir el valor de la sal y otros accesorios de la preparación; pero muchos de los condimentos puede cultivarlos nuestro campesino, y aún las mismas sustancias principales—legumbres, maiz—para las necesidades de la casa, podría obtenerlas con su propio trabajo, sin perjudicarse en el que verifica á jornal. La manteca, el tocino y algo de carne no le serían onerosos si imitase la costumbre, seguida en algunas comarcas españolas, de criar un cerdo para sacrificarlo y guardar lo necesario para el consumo de la familia.
Por lo que atañe al Gobierno, tócale papel esencial en la resolución del problema que analizamos, suprimiendo ó reduciendo los arbitrios sobre los artículos de consumo de primera necesidad.
"Entre todos los impuestos que tiene la Nación, el de consumos—como dice muy bien el Dr. Hernández Iglesias en su discurso leído en la Sociedad de Higiene,[7]—debe ser por lo ménos reducido. En buen hora que la industria, el arte y la ciencia contribuyan equitativamente á levantar las cargas del Estado; pero en los artículos que el hombre consume para alimentarse, por lo ménos en aquellos que son de absoluta necesidad, no parece natural ni razonable exigir impuesto alguno."
"Si la industria, la ciencia ó el arte han contribuido en razón de sus recolecciones, el comercio ha pagado al comprar el artículo industrial más el importe de la contribución; pero como el comercio es industria que rinde producto al ramo, por razón de esos rendimientos es claro que debe contribuir; mas el consumidor, el viviente que come, ¿qué cobra por haber comido? ¿No ha pagado, al comprar su comestible, el precio natal de éste y los recargos derivados de las contribuciones? Pues así como el hombre no paga, ni pagar debe impuesto alguno por la ropa que compra para su uso, así es antisocial pagar contribución por comer. Esto equivale á decir al hombre que no tiene derecho para morir, puesto que el suicidio es un crímen justísimamente reprobado, y disputarle el derecho de la vida; porque no se puede vivir sin comer, y por comer no sólo hay que pagar el alto precio que de dia en dia toman los alimentos, sino un impuesto de consumos, impuesto verdadero en toda la extensión de la palabra."
En Puerto Rico, la carne, por ejemplo, alimento tan necesario y tan útil, estaría barata como en ninguna parte. Por circunstancias favorables del suelo, desde la primera introducción de ganado en la isla hasta la fecha, éste ha prosperado de modo tal, que hemos podido surtir á otros pueblos vecinos; cesó la exportación, coincidiendo con la baja de precios del azúcar y la consiguiente conversión de algunas haciendas en hatos; con esto bajó el precio del ganado considerablemente, no obstante lo cual en casi todas las carnicerías de la isla se vende cara la carne, gracias á los excesivos recargos municipales que pesan sobre este artículo. Si sobre él no pesase tan enorme contribución, y se suprimiesen todos aquellos procedimientos que obstaculizan la matanza y favorecen las combinaciones de los especuladores en perjuicio del consumidor, de seguro que la carne estaría en Puerto Rico al alcance de las fortunas más reducidas, porque no habiendo otro medio, como no le hay, de consumir el ganado, sino llevándole al matadero, la abundancia abarataría el producto favoreciéndose por este medio la mejor alimentación del campesino.
En la fórmula propuesta se nota la ausencia del pan de trigo, omisión que hemos cometido exprofeso para hacer más accesible al pobre dicha ración alimenticia; pues por lo demás estamos convencidos de que al jíbaro le gusta el pan y lo adquiere cada vez que sus recursos se lo permiten, siquiera no sea de buena calidad; de modo que, á poco que los derechos fiscales se modificasen, la introducción de la harina de trigo aumentaría, y se podría comer en Puerto Rico pan fabricado con harinas americanas á un precio compatible con todas las fortunas.