Nos pesa tener que insistir tanto en señalar el atraso de nuestro campesino, precisamente en lo que le incumbe más de cerca; pero es cumplir con un deber hacerlo y lo cumplimos, corroborando lo que, cuantos escritores han tratado este asunto en Puerto Rico, han dicho ántes que nosotros.

Si pasamos á examinar las manifestaciones de la industria, no seremos más afortunados en el descubrimiento de los progresos que anhelamos para nuestra clase rural. Refractario el campesino á toda innovación, mira con desconfianza los pocos adelantos que la industria azucarera ha adoptado en el país, y hay que verle menospreciarlos y sonreír maliciosamente, dándose aire de perspicaz, cuando por desgracia es testigo de algún fracaso de las empresas progresistas; entónces atribuye el mal éxito á los inventos nuevos, y ni siquiera se le ocurre, ni puede comprender, que en muchas de estas ruinas intervienen como factores, ya una ilustración profesional incompleta, ya falta de aptitudes agrícolas y de crédito, con frecuencia los excesos de la usura y acaso la misma ignorancia de los brazos que ha sido preciso utilizar.

En las manifestaciones industriales que por pequeñas son casi usufructo del campesino pobre, tampoco nos es dado señalar adelanto alguno de nota. Hoy sigue obteniendo, por ejemplo, las harinas de maiz y de arroz, las féculas de yuca, etc., en cantidades limitadas y por procedimientos antiguos; lo mismo hace para la obtención de aceites como el de coco, ricino y otros, productos que trae al mercado llenos de impurezas; el jabón, llamado de la tierra, pone de manifiesto también lo elemental de estas pequeñas industrias en nuestro país.

Estas apreciaciones no son personales. Todo aquel que se haya dedicado á observar nuestra actual sociedad, ha podido deducir de sus observaciones que Puerto Rico está aún en mantillas en lo relativo á procedimientos industriales; de manera que, si por su parte el labrador no sustituye sus añejas malas prácticas, ni mejora las especies vejetales que cultiva, ni se preocupa de los estancamientos de agua, dañosos á los terrenos que labra, haciendo á lo sumo zanjas al descubierto que desaguan mal, ni aprecia el valor de los abonos que desperdicia mientras presencia impasible cómo se agotan sus tierras, á las que sigue pidiendo lo que ya no pueden dar, en lo que respecta al industrial se advierte análoga falta de discernimiento.

El fabricante de cal, por utilizar los imperfectos y anticuados hornos pierde en rendimientos; el ladrillero sigue fabricando los ladrillos á mano; el carbonero, sobre contribuir á la destrucción inconveniente de los montes y quemar sin consideración maderas útiles, si llega el caso, persiste en hacer sus viejos hornos en los cuales el producto de su explotación disminuye.

La industria pecuaria no se rige en Puerto Rico por ningún procedimiento científico, y tan confiados se muestran los campesinos en las fuerzas naturales, que ni siquiera las epizootias les preocupan; el contagio no existe para ellos; así no es extraño que por falta de aislamiento se desarrollen epidemias de muermo y de pústula maligna que causan destrozos en esta riqueza y aún hacen víctimas entre los hombres dedicados á la ganadería.

Entre los productos procedentes de animales vivos ó muertos que explota el campesino, los quesos—cuya fabricación más general es rudimentaria—son de buen gusto, pero de poca duración; la mantequilla, á causa de su defectuosa preparación, no se conserva por mucho tiempo sin aranciarse; la manteca de cerdo no puede competir en precio y cantidad con la extranjera, si bien la aventaja en pureza: la cera, amarilla y la miel se recogen en corta cantidad, sin que nadie se haya cuidado gran cosa de las abejas.

Otras industrias rurales como los tejidos de cortezas, de bejucos y paja—sogas, aparejos, cestos y sombreros—aunque pobres, dejan ver ciertas favorables disposiciones dignas de ser alentadas.

La fabricación de dulces con frutas del país, se reduce á las conservas de naranjas, ordinaria y de mejor calidad, pasta de guayabas, yuca, etc., y no se ofrecen á la venta tan bien acondicionadas como fuera de desear.

La panificación de la yuca, cazabe, no ha adelantado mucho desde los tiempos indios hasta nosotros. Otros productos, que se presentan en forma de panes, de maiz, batata, etc., no ofrecen particularidades que admirar.