(4 leguas.) El 10 saliò de este tren la marcha, y siguiendo el rumbo al N por la comodidad del agua, se acercó à las vegas del Dorado, y se acampò en frente de San Simon, distante cuatro leguas del pasado tren, donde parò hasta el dia 14, esperando òrdenes de S. S.

El 11, convalecido nuestro General de su dolencia, habia salido del Real Presidio como à las 9 del dia, en compañìa de su Auditor, su Secretario, del Mayor General de órdenes que llegò el dia 10, del Inspector y del mèdico, y vinieron à dormir en la Ramadita, distante doce leguas del Presidio.

De allì salieron el 12 bien temprano, y vinieron á alcanzar el tren, acampado en el lugar referido, sin que hasta aquí haya llegado el Sr. Arcediano, que suponemos le hayan atajado las crecientes de los rios, porque hasta hoy ni noticias hay de S. S., sin embargo de habérsele dirigido cartas del Real Presidio.

Acordò S. S. con el R. P. Lapa, que el año de 1774 se hallaron en el mismo sitio acampados, dia del glorioso San Antonio de Padua, por lo que mandó S. S. que en honor de este ilustre taumaturgo se celebrase el santo sacrificio de la misa, y que à este real acompañamiento se titulase el Tren de San Antonio. Hízose así, y en él paramos todo el dia 13, por objetarse una montaña que era preciso allanar para seguir el carril nuevo. Este dia nuestro General, asociado de toda la oficialidad, paseó aquellas amenas campiñas y màrgenes del Dorado, haciendo ver á todos lo cómodo y aparente del lugar para mudar allí el Real Presidio de San Fernando. Reconocimos todos lo idoneo de aquel plano, por los pastos, por el agua, por la leña y maderas; finalmente, por ser precisa puerta y transito de todas las naciones, que no pueden traficar por otra parte: porque al naciente lo embaraza una dilatada travesia, y por el poniente la eminente Sierra del Alumbre (alias Santa Bárbara), avanzàndose sobre 20 leguas de terreno à favor de la provincia. Todo pareció consentaneo; y asì acordes todos aprobaron por justo y útil el pensamiento, presenciando tambien esta diligencia el R. P. Misionero.

(6 leguas.) El 14 salimos de este tren, y traspasando un bosque desmontado, de mas de dos leguas, vinimos por el rumbo del N à acamparnos en distancia de 6 leguas á las márgenes del Dorado, en una còmoda y deleitosa isleta, que tiene un famoso potrerillo para la seguridad de las bestias sin el subsidio de ronda: y como aquí nos asaltase una deshecha tormenta de viento y agua, que principiando con la noche terminò con la luz del dia siguiente, le titulamos el Tren de la lluvia, donde paramos dos dias, asì por la general inundacion de los campos que causó pesados lodazales, como por ofrecerse delante nuevo desmonte.

Con este motivo acordó nuestro General sería conveniente, que el R. P. Misionero fuese instruyendo los párvulos de la nacion Mataguaya en algunos ritos de nuestra Santa Fé: y ejecutàndolo con gusto dicho P., insinuò á los ladinos que al toque de la campanilla ocurriesen los pequeños, y los adultos que gustasen instruirse: y con efecto principió el R. P. el dia 15 esta espiritual tarea, enseñándoles á persignarse y repetir Ave María purísima &c..... Viva Jesus.... muera el pecado: lo que repetian con gusto y claridad, aunque con alguna torpeza: no siendo menor la complacencia de dicho P., de nuestro General y de toda la marcha, al ver exaltado el santo nombre de Dios en estos remotos laberintos, como feliz exordio de la conversion de estos gentiles, por quienes incesantemente pide nuestra piadosa Madre la Iglesia.

El 16 continuó el P. Misionero su doctrina, enseñándoles el Padre Nuestro y el Ave María; y este dia se publicaron á usanza militar, los tìtulos de los oficiales de plana mayor y menor, dándose posesion del empleo à cada titulado, mandando S. S. que el Auditor llevase la formacion de este diario.

(2½ leguas.) El 17, como á las 12 del dia, salió nuestra marcha de este tren, y traspasando con gran trabajo un grande monte pantanoso, con las cargas, mensages y ganado vacuno, sin que pudieran traspasarle los carros hasta el dia siguiente à boca de noche, se perdieron 25 vacas en la estrechura, de las que solamente se pudieron hallar tres, y vinimos à parar en un descampado distante, dos leguas y media del pasado tren.

El 18 se paró todo el dia, esperando las carretas, y de este tren se principiaron á poner centinelas, pasar el santo, é impartir órdenes para la distribucion de cuantos oficios y ministerios, en que se habian de egercitar todos y cada uno: encargàndoles S. S. el desempeño de sus destinos y el cuidado y vigilancia en las rondas y custodia de ganados y mensages, continuando el P. su enseñanza.

(1 legua.) El 19, como á las 3 de la tarde, salimos de este escampado, y siguiendo al N las màrgenes del Dorado, llegamos en distancia de una legua á un vistoso campo de palmares, donde se nos acopiò tanta multitud de Mataguayos, que en número serian como 500, y todos pidiendo reduccion, y ofreciéndose à guiar la marcha y ayudar en los desmontes: por lo que mandó S. S. que diariamente se les repartiese carne.