Estos suplicaron à nuestro General, recabase de los Mataguayos la libertad de algunos indios cautivos de su nacion, que en las pasadas hostilidades les habian quitado. Hizo este oficio S. S. con buen fruto, porque los Mataguayos, defiriendo al punto, entregaron cuatro cautivos, de que S. S. les mostró grande agrado, y los Tobas no menor al sugeto interpuesto.
El mismo dia practicaron los indígenas otra accion no menos generosa que la pasada, y fuè dar á nuestro General cuatro hijos suyos, para que S. S. los hiciese catequizar, trayéndolos consigo: para que, ladinos è impuestos en el rezo y demas necesario para cristianarse, pudiesen estos enseñar á los suyos con el mismo objeto à que con anhelo aspiran: pasando de punto en su resolucion convenirse dos gandules, espontaneamente resueltos à servir en cuanto se les mande, y acompañar la marcha hasta su regreso, con tal de que se les rudimente y catequice.
JULIO.
(3 leguas.) El 1.º de Julio, como à las 10 del dia, salimos del real antecedente, y pasando un dilatado bosque desmontado, de mas de dos leguas y media, pasamos un puente para salvar un cuantioso madrejon que viene como del S, y se junta con el Dorado, ignoràndose su orígen, y à poco trecho en unas cañadas que estàn á las màrgenes del Dorado: en distancia de tres leguas del pasado tren vinimos à parar. En este transito se perdieron 15 cabezas de ganado vacuno, y porque se tuvo razon que seis de ellas habian aprovechado los indios, mandó S. S. que en tres dias no les diesen racion.
De aquí se volvieron las reclutas que habian conducido al Sr. Canónigo, y con ellos se volvieron 16 caballos por flacos, con carta para que los entregaran á D. Josè Chaves, y 7 mulas. Y este dia, que fué el 2, paró la marcha, y el General de òrdenes pasó con el Inspector y Capitan de Migueletes al Rio Grande, à explorar el mejor plano para sacar camino hasta la Esquina: y con la razon que estos trajeron, el dia 3 pasó el Ayudante con los de su cargo à desmontar, parando la marcha todo este dia.
(3½ leguas.) El 4, como à las 11½, salimos de estas cañadas, y siguiendo el rumbo al N por las costas del Dorado, venimos à parar al Tren de la Esquina, que dista del pasado como tres y media leguas. En las estrechuras del monte se perdieron 30 vacas, sin que pudiera S. S. remediar este desgreño, ni con haberse venido con los vaqueros, ni con haber duplicado gente: y de todas estas reses solamente una se logrò, porque hallada la mataron y cargaron, y con ella se arracionò la gente. Aquí se junta el nuevo con el antiguo carril.
Entre otras utilidades que nos presenta el nuevo camino, es la una habernos manifestado con la evidencia, en obsequio de la verdad, que los planes antiguos han errado el concepto en cuanto á la direccion del Rio Dorado, y en cuanto á su desague, y el del Rio del Valle: porque el primero se incorpora con el segundo poco mas arriba del Tren de las lluvias, y ambos en un cuerpo, con el madrejon del S, se precian de tributarios del Bermejo, con quien se incorporan en este paraje, contribuyéndole no pequeño caudal.
De que se evidencia el errado computo de los que figuran uno y otro rio terminando su cauce en una gran laguna, llamada de los Caimanes, cerca de un grande palmar: siendo uno de estos el R. P. Pedro Lozano de la extinguida Compañía, quien en el pàrrafo 3 de su Descripcion Corogràfica, al folio 19, asì lo asienta. Padeciendo igual equívoco en cuanto à figurarlos corriendo del E à O, siendo asì que con la aguja en mano hemos caminado las riberas de uno y otro, y giran sin disputa de S á N, desde que se desprenden de las ùltimas serranias que estàn al poniente.
En este paraje de la Esquina paró la marcha el dia 5, para que se refaccionáran las bestias en un potrerillo tan seguro como abundante de pastos. Y teniendo noticia S. S. de que habian pasado de la otra banda gran multitud de indios Mataguayos confinantes con los Chiriguanos, con ánimo de invadir el ganado y menages, mandó al General de órdenes doblase la gente y ronda, previniendo à todos el peligro y encargando la vigilancia; con lo que no hemos experimentado lesion alguna.
Hasta aquì los indios Mataguayos han acompañado nuestra marcha, ayudando y sirviendo con fineza y lealtad: y tratando de volverse, mandò S. S. se les diesen seis reses. Repartióles cuchillos, tabaco y gorros, dando á los principales poncho y sombrero para distinguirlos, con lo que se volvieron muy contentos; y mucho mas, por haberles prometido S. S. informar al Sr. Virey acerca de su reduccion.