¿Para qué, pues, escribo? Para decir lo único que sé: lo que yo pienso. Mas lo que pienso es mi verdad, no la tuya, no la de todos. Torno acá. Nada sabemos.

Supón la explicación del nombre de ciencia dada por mí, para que proceda el discurso, y de ahí coligamos que nada sabemos, pues suponer no es saber, sino fingir; por lo cual, de los supuestos saldrán ficciones, no ciencia.

Ve adónde nos llevó ya el discurso: Toda ciencia es ficción. Evidente. La ciencia se ha por demostración. Esta supone la definición, pues no pueden probarse las definiciones, sino que deben creerse; luego la demostración de supuestos producirá ciencia supositicia, no firme y cierta.

Además, según tú, se han de suponer los principios, y no conviene disputar sobre ellos; luego lo que de ellos se sigue será supuesto, no sabido.

¿Hay algo más miserable? Para saber es necesario ignorar. Pues ¿qué otra cosa es suponer sino admitir lo que no sabemos? ¿No sería mejor saber antes los principios?

Yo niego los principios de tu arte; pruébalos.

No se ha de argüir contra los que niegan los principios, dices. No lo sabes probar. Eres ignorante, no sabio.

Mas corresponde a la ciencia superior o común probar los principios. Lo sabrá, por ventura, todo, quien posea esta ciencia común; tú, nada; pues quien ignora los principios, ignora también la cosa. Pero ¿qué es aquella ciencia común?

Es maravilloso cómo estos artífices se parten los oficios, se separan con linderos, del mismo modo que el necio vulgo se adapta y se parte la tierra. Levantan un imperio de las ciencias, cuya reina y supremo juez es la ciencia común, la Lógica, a la cual se llevan los supremos pleitos; ésta da leyes a las demás, leyes que es menester aceptar como buenas; a ninguna de las otras ciencias, es lícito echar impunemente la hoz en su mies, ni a las unas en el campo de las otras; y así toda la vida pleitean del sujeto de cada ciencia, y no hay quien dirima este pleito de ignorancias.

De ahí, que si alguno trata de los astros en la física, dicen que lo hace o en cuanto que es físico o en cuanto es astrólogo; y uno compra esto del aritmético, pero otro roba aquello del matemático. ¿Qué es esto? ¿No son entretenimientos de chiquillos? Pues éstos, en un lugar público, en la plaza, en el foro o en el campo, construyen huertas, las cercan con tejas y cada uno cierra a otro la entrada de su huertecillo.