Y en todas las otras cosas que señalamos arriba, mucho mas.
Y cuanto más escudriñamos, más perplejidades se ofrecen, más nos confundimos, más difícilmente hallamos luz. Pues donde hay muchedumbre allí hay confusión.
Infortunio
del hombre de letras.
Así, séanos lícito, no sin razón, comparar nuestra filosofía al laberinto de Creta, entrados en el cual no podemos volver atrás ni desenvolvernos, y si vamos adelante, caemos en el Minotauro, que nos quita la vida.
¡Este es el fin de nuestros estudios, éste el premio del perdido y vano trabajo, de la perpetua vigilia: el esfuerzo, los cuidados la solicitud, la soledad, la privación de todos los deleites, una vida semejante al no ser, habitando, pugnando, hablando y pensando con los muertos, apartándose de los vivos, abandonando el cuidado de las propias cosas, destruyendo el cuerpo por ejercitar el espíritu!
De ahí las enfermedades, muchas veces el delirio, siempre la muerte.
Ni el trabajo ímprobo vence de otro modo todas las cosas, sino porque quita la vida y acelera la muerte, que libra de todos los males; porque el que muere todo lo vence.
Así Horacio retrata la triste condición del hombre de letras cuando dice: Aunque vengas tú mismo, Homero, acompañado de las musas, si nada trajeres irás fuera.
Y el mismo Horacio dice mejor abajo: El rey dinero da mujer con dote y crédito y amigos y linaje y fortuna. Y al bien adinerado decoran Suadela y Venus.
Es también verdad ahora lo que también dijo Ovidio en otra parte: Es cerrada a los pobres la curia; la hacienda da honores, por ella es grave el juez, por ella formal el caballero. Hay ahora precio en el precio, da la hacienda honores, la hacienda da amistades; el pobre en todas partes es abandonado.