Hay, finalmente, muchas cosas que, en parte, llegan a él por el sentido, en parte son hechas por él. La naturaleza del electro y de la piedra imán, de modo alguno puede ser alcanzada por el sentido. Pero vestida de color, magnitud, figura, es llevada al ánimo por los sentidos. Este la despoja de aquellos accidentes. Lo que queda lo considera, lo vuelve, lo compara; finalmente, fíngese una cierta naturaleza común, como puede.
Esos filósofos levántanme a los cielos las inteligencias; yo oigo lo que dicen; pero no lo entiendo aunque finjo algo que me inspira inteligencia.
Por todas partes percibo el aire con el tacto; pero no tiene imagen alguna en mi mente, sino cierta que yo me fingí como de un cuerpo incorpóreo, sin saber lo que es.
Pienso del mismo modo en el vacío, y aun comprendo el infinito, no comprendiendo jamás el fin; pero, en medio de su pensamiento párome forzado al advertir que es infinito lo que, añadido al infinito, imaginando lo infinito, nunca le pondré términos con la aprensión; y así fingiré una especie ciertamente determinada, pero de la cual ninguna extremidad es determinada y perfecta, sino cuasi defectuosa; una noción, que no es terminada ni terminable; porque se le pueden añadir eternamente partes infinitas por ambos extremos.
¿Qué hacer? Miserable es nuestra condición. En medio de la luz nos cegamos. ¡Cuántas veces pensé en la luz y siempre la dejé impensada, desconocida, incomprendida!
Lo mismo es si contemplares la voluntad, el entendimiento y otras cosas que no se perciben por los sentidos.
Estoy cierto de que esto que ahora escribo quiero pensarlo, escribirlo y deseo que sea verdadero y sea aprobado por ti; pero no lo procuro con exceso.
Mas cuando me empeño en considerar qué es este pensamiento, este querer, este desear, este inquirir, ciertamente desfallece el conocimiento, frústrase la voluntad, crece el deseo y aumenta la angustia.
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Nada veo que pueda alcanzar o aprehender.