¿A cuál creer?

Con la vista no sólo se disciernen los colores, sino también la magnitud, el número, la figura, el movimiento, la distancia, la aspereza, la brillantez, y lo que a esto se refiere, como la igualdad, la semejanza, la velocidad y lo contrario de esto.

El agua hace obscuros a los cuerpos, los duplica, los aumenta, los disminuye, los cambia de figura, los hace más crasos, más móviles, más tenues. Y no siempre obra de este modo, sino también de otra suerte. En el aire a veces se tornan los cuerpos ligerísimos; en el viento, obscuros; dobles en el eco, al sol, a la luna; a veces al contrario.

En ocasiones lo pintado aparece esculpido y vivo, y lo esculpido también muchas veces palpitante.

El vidrio, el cuerno y el cristal, parecen mayores y menores; densos, tenues; del mismo color, de vario color; finalmente, según la voluntad del artífice. De ahí tanta diversidad de espejos y de lentes.

¿Cuál de ellos los expresará mejor y con más verdad?

¿Qué decir del aire? Pues del color hay mucha mayor duda. ¿Cuándo se le ha de creer? Cuando es más próximo a su naturaleza y menos alterado por extraño. Pero ¿quién conoce su naturaleza? ¿Quién lo vió simple? Perpetua mudanza por el sol, la luna y otros cuerpos de arriba y de abajo por la tierra, el agua y los mixtos.

Del vidrio y el agua hase de juzgar lo mismo, y aun es más difícil la solución.

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Esto cuanto a la substancia del medio externo, a la cual refiérense también la densidad o la ligereza, la magnitud o la parvedad, esta o aquella figura del medio por el cual se ve algo y todo ello aunque no se halle todo en el aire; sin embargo, los medios artificiales hacen variar mucho la cosa vista. Pues el vidrio grueso lo muestra de otro modo que el tenue; el cuadrado o redondo de otro modo que el triangular; el grande de otro modo que el pequeño. Muestran esto los cristales de fabricación varia y las normas del vidrio, por las cuales ves las cosas derechas o invertidas de este o de aquel color y figura; finalmente, diversas de lo que son.