[CAPITULO III.]
Situacion de la España—Reinado de Don Fernando y Doña Isabel—Anarquía—Guerra cívil—Fanatismo—Restablecimiento de la Inquisicion—Influencia del Clero—Expulsion de los judios y moros—Odios entre España y Portugal.
Nos es necesario echar una ojeada sobre el País á que se dirigía Colon y sobre los sucesos de la época en que debía llegar.
El reinado de Enrique IV, llamado el impotente, había sido funesto para Castilla; él mismo había abierto las puertas de la mas escandalosa anarquía rebelándose contra su padre. No eran mejores los ejemplos de su vida privada; había agotado las fuerzas de su juventud en la mas desenfrenada crápula. Sin mas sucesion que su hija Juana y aun su legitimidad desconocida al extremo de llamarla el pueblo y los nobles la Beltraneja, á causa de las intimidades ostensibles de Don Beltran de la Cueva con la Reyna, fué este desgraciado vástago en vez de solucion de las cuestiones de sucesion, causa de trastornos y de guerras.
De ánimo débil, pasó por sucesivas humillaciones que despretijiaron su autoridad y hacían que tomase colosales proporciones la anarquía. Hizo primero reconocer á su hermano Don Alfonso como sucesor al trono, cediendo á las imposiciones de la nobleza y desconociendo los derechos de su hija.
Muerto Don Alfonso á los quince años de edad, se hizo por las mismas imposiciones, el pacto llamado de los Toros de Guisando, en que fué reconocida su hermana Doña Isabel con derecho á la sucesion del trono pretendiendo salvar su autoridad, con una claúsula por la cual esta no se casaría sin asentimiento del monarca. Todos estos resultados venian precedidos de intrigas, asonadas y crímenes.
Llegó el descontento al extremo de quererse destronar al monarca para levantar á Doña Isabel, como ya una faccion había proclamado á Don Alfonso, pero la futura soberana de España tuvo la discrecion de no prestarse al movimiento.
El matrimonio de la simpática princesa con su primo el infante de Aragon, Don Fernando, Rey de Sicilia, es un idilio que pocas veces ocurre en la crónica de los reinos. Don Enrique pretendió que la princesa se casase primero con el principe de Francia, despues con Pedro Giron, altivo y rebelde noble que puso esa condicion á su sometimiento y por último con el Rey de Portugal. La princesa resistió con energía todas estas imposiciones porque amaba á Don Fernando de Aragon y solo con él consentiría en un enlace.
Para evitar las persecuciones é intrigas de la Corte hizose venir al Infante secretamente, corriendo serios peligros y con la proteccion de los nobles que le eran adictos en Castilla, celebraronse las nupcias que unian por lo pronto dos ardientes corazones y que mas tarde debian unir dos reinos, formando uno tan grande que en él jamas el sol tendria ocaso.