Muerto Don Enrique IV en Diciembre de 1474 fué, en la ciudad de Segovia, proclamada Reyna de Castilla Doña Isabel, no sin que al mismo tiempo ambiciosos viniesen á disputarle el trono, so pretesto de sostener la causa de Doña Juana. La actividad que en esta lucha demostró la nueva Reyna, probó que ambicionaba ardientemente el poder y que tenia grandes aptitudes para sobrellevarlo.

Doña Juana habíase esposado con Don Alfonso V Rey de Portugal y este invadió á Castilla, sostenido por los nobles adictos á ella y trabóse una guerra de sucesion que probó la impericia militar de unos y otros. Por último, vencido el Portugues, retiróse á su Corte y la infeliz Doña Juana, despues de haber sido heredera de un trono, novia de tantos ambiciosos y desposada de un Rey, concluyó por buscar la paz del alma en un Monasterio.

Fallecido en Enero de 1479 el Rey de Aragon Don Juan II, fué elevado al trono Don Fernando y produjose así la unidad Española.

En todo este movimiento vése por único actor á la casualidad. A Don Enrique sucederle debia su hija Juana y en defecto de ella, su hermano Don Alonso, jóven sensato, que apesar de su corta edad tuvo bastante carácter para rechazar mas de una infamia; hubiese sido un buen Rey y no llegó á ser sinó una esperanza frustrada sin que falten historiadores que atribuyan al veneno su prematura muerte. En tal caso Doña Isabel hubiese sido otra monja como Doña Juana ó hubiese optado por ser Reyna de Portugal, casandose con el viejo monarca que la pretendia. Entónces la union de los Reinos de Aragon y Castilla efectuado ipsofacto por su matrimonio con el Príncipe, no se hubiese realizado, sin que hubiesen tenido lugar muchos de los sucesos que vamos á referir.

Prescott en la historia de los Reyes Católicos, dá al reinado de Doña Isabel un orígen electoral, cosa que en verdad no es asi, pues toda la autoridad de Doña Isabel se derivó del célebre pacto de los Toros de Guisando, infringido no obstante por la misma agraciada en la cláusula que exigía la intervencion de Don Enrique en su matrimonio. Si casualidad fué todo, pocas veces ha dado orígen á tanto bien y á tanto mal.

A situacion tan espantosa, como la dejada por el reinado que caducaba, requeriase un gobierno enérgico y justo, que salvase el principio de autoridad, desconocido por la terrible anarquía que destrozaba la Península Ibera y los Reyes Católicos, que muchos y muy grandes errores debian cometer, eran no obstante justos y enérgicos.

Todos los historiadores están contestes en el tétrico cuadro que ofrecía la España al morir Don Enrique. La seguridad de las personas y de las cosas era mayor entre las hordas salvajes que en sus campos y aun en sus ciudades; los mismos nobles mandaban desde sus castillos robar y asesinar á los viajeros; el feudalismo estaba en su apojeo; los tribunales por prevaricaciones escandalosas ó por miedo no servian sinó para alentar la injusticia y el crímen; la industria decaida, el comercio abatido; una crísis espantosa á causa de que cada noble acuñaba la moneda á su antojo, depreciándose esta al extremo de que las transaciones se hacian, como en los tiempos primitivos, por trueque ó cambio.

El Clero era un poder, el único poder, la única autoridad, al extremo de que criminales vestian el hábito sin profesar para escudarse y quedar impunes. Los maestrazgos de las órdenes religioso-militares, recibian del Papa su autoridad; no se sometian al Gobierno y acumulaban grandes riquezas. En fin, si se quiere una imágen del cáos, busquese en esa época de la historia de España, sobre todo en Castilla y Andalucia.

Los Reyes Católicos acometieron la tarea de domar esa anarquía y ya con rigor, ya con blandura; ya confirmando fueros y derechos á las ciudades, ya despojando á los nobles de sus derechos feudales, ya reconciliando los magnates enemistados, ya sometiendo á los que gobernaban por su cuenta incluso al altivo conde de Cádiz, ya prestigiando los tribunales de justicia, ya reformando los procedimientos y leyes civiles; en pocos años, la misma admiracion que nos ha causado el desquicio del gobierno de Don Enrique, nos asalta al ver las reformas obtenidas por los Reyes Católicos. Apesar de su energía, Doña Isabel nada hubiese conseguido sin la union del Reyno de Aragon; habiase allí refugiado lo mas sensato y patriota de la nacion Española; su constitucion liberal, su riqueza de que era emporio el puerto de Barcelona, todo eso reflejaba prestigio sobre ella y era un contrapeso poderoso; los nobles y el pueblo mismo de Castilla, sabían que en un caso dado, un ejército Aragonés vendría á apoyar á la Soberana y véase en esto una demostracion de como la anarquía, hija siempre de la desmembracion social, cesa cuando la unidad se restablece.