Dos episodios citaremos para demostrar que estos Soberanos si bien dotados de grandes cualidades, no eran aptos para mejorar la situacion del Pais.

Los obispados de España se proveian sin anuencia del Soberano, y si los Reyes Católicos reivindicaron ese derecho, no se descubre en ello sinó la influencia del Clero Español, interesado en esa reivindicacion porque era pospuesto por prelados de Roma. Los Reyes estaban sometidos á esa influencia al extremo de que el confesor de Doña Isabel, nuevamente nombrado, Fray Fernando de Talavera, cuando por primera vez fué á ejercer su ministerio, permaneció sentado para escuchar la confesion:—La costumbre es—dijo Doña Isabel—que ambos permanezcamos arrodillados.—Nó—exclamó el confesor—yo soy ministro de Dios y este su tribunal y V. A. debe permanecer de rodillas y yo sentado. La Reyna se arrodilló.

Doña Isabel tenia, no hay duda grandes condiciones pero no era superior á su época, estaba muy á su nivel. La España debía permanecer siempre con los gérmenes de la anarquía, contenidos pero no extirpados; el fanatismo debia acrecentarse tanto mas cuanto mas quisiese hacerse de la religion elemento social.

Es asi que el restablecimiento de la Inquisicion hizo á este poder mas irresistible que en las épocas anteriores. Algunos historiadores para disculpar á Doña Isabel dicen que fué á requisicion del Papa que se hizo este restablecimiento; no hay tal, existen aun los documentos que prueban que fué á peticion de la misma Doña Isabel que se dió la bula que debia levantar en Torquemada, el déspota, el tirano mas cruel de los tiempos pasados y futuros.

Estos dos episodios prueban que, ó los Reyes Católicos no eran tales como los representa la historia, sinó crueles y sanguinarios ó que estaban tan dominados por el Clero como Don Enrique lo estaba por los nobles rebeldes. Destruido un feudalismo, levantaban otro cien veces peor; quitada á los nobles la horca y cuchillo, ponian en manos de los Inquisidores la tea para encender las hogueras del martirio.

No faltan historiadores que fascinados por el prestigio de los grandes acontecimientos que la casualidad hizo producir en el reynado de Doña Isabel, quieran atenuar esta mancha, echando la culpa á la época. Nó, la moral y la justicia son eternas y no tenemos otra regla para juzgar los hechos de cualquier tiempo. No fueron menos graves otros errores cometidos por los Reyes Católicos; la expulsion de España de los Judios y de los Moros, las persecuciones inhumanas contra esos desgraciados, el saqueo de sus propiedades, son hechos que bastan para borrar la poca gloria que se les atribuye en la unidad de España y en el descubrimiento de América.

La misma guerra contra los Moros refugiados en Granada, no se llevaba con tanto celo al principio; fué necesario que algunos nobles por si y ante si la iniciasen con la toma de Alhama, para decidir al Monarca á ponerse en campaña y en toda esa guerra cuesta discernir el fanatismo del amor patrio.

Ni faltaron tampoco los estragos de la guerra cívil en este Reynado, bastando para comprobarlo que citemos el movimiento separatista que inició en Galicia el mariscal Pardo de Cela, siendo necesario que se enviase allí un ejército que sufrió un reves y que no pudo triunfar sinó á merced de una traicion por la cual, aprisionado el separatista, fué ahorcado sin piedad.

Tal era la situacion en que Cristóbal Colon debia hallar á la España, agregando que los antiguos odios entre esa Nacion y Portugal habian recrudecido con la guerra de sucesion de Doña Juana, á causa de la invasion á Castilla por el Rey Don Alfonso, en proteccion de esas pretensiones.