Por último habia fallecido el marques de Cádiz y como no habia dejado sucesion, quedó la Ciudad y Puerto definitivamente anexados á la Corona. Á completar tal número de felices coincidencias llegaba pues Colon con las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun ni sospechada.
Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un trayecto regular, debiendo atravesarse por pueblos y ciudades; ese trayecto fué una marcha triunfal para Colon, que iba á caballo y precedido de las muestras de los productos, de los animales y de los indios que habian sido llevados de las tierras descubiertas. Todas las poblaciones salian á victoriar á aquel viajero afortunado que no hacia mucho se habia presentado como un mendigo. Ignoraba Colon, entónces en el apogeo de su gloria, cuantas amarguras tenia que sufrir y como habia de eclipsarse el brillo de su estrella.
Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron de sus labios la relacion de sus viajes con interes y aun con entusiasmo y agregaron á sus privilegios otras mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo con el símbolo del descubrimiento y la inscripcion siguiente:
Para Castilla y Leon
Nuevo mundo halló Colon.
Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para su dominio los nuevos paises descubiertos. El Derecho de Gentes en aquel tiempo ni estaba muy adelantado ni se consultaba siempre. Entre los medios de adquirir las tradiciones romanas no ofrecian sino la conquista; pero el advenimiento de los Papas y su jurisdiccion espiritual sobre todos los reyes católicos trajo otra doctrina bien original:—Segun ella los infieles no tenian derecho á poseer dominios y cualquier principe cristiano podia desapoderar de sus tierras y sustituir á todo principe hereje. La propiedad del mundo era para los católicos, quienes podian reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud el Papa podia distribuir las tierras como árbitro. Asi fué que Martin V y sus sucesores concedieron á la Corona de Portugal todas las tierras que se descubriesen por sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los Reyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca Portugues en 1479, habíanse comprometido á respetar esos derechos.
Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso Borgia con el nombre de Alejandro VI. Fácil fué convencer á este de que los descubrimientos de los Castellanos tenian otro rumbo que los que habian sido asegurados á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió una bula concediendo á la Corona de España para sus descubrimientos, las mismas seguridades que habian sido concedidas á Portugal.
Agregóse á esta bula la célebre demarcacion por la cual se adjudicaba á la España omnes insulas et terras firmes, inventas et inveniendas, detectas et detejendas versum occidentem et meridiem. Hacíase esta demarcacion por una línea imaginaria que desde el polo Ártico bajase al Antártico, cien leguas al Occidente de las Azores y de las islas de Cabo Verde.
Entretanto preparábase una segunda expedicion á las tierras descubiertas; pero los portugueses á pesar de la célebre demarcacion, estaban recelosos de ella. Empezó entónces una lucha de astucia y de intrigas en que se empleaban el cohecho y los mas viles recursos para descubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplomacía portuguesa que debia tener digna sucesion en América, salió triunfante en este caso, con el célebre tratado de Tordesillas, celebrado en 7 de Junio de 1494, por el cual la línea divisoria se modificó, debiendo tirarse tres cientas leguas al Occidente.
No se explica esta concesion que debia ser funesta á la América Española. Con esta modificacion los portugueses mas tarde alegaron derechos para ocupar el Brasil y enseñorearse de una de las mas importantes regiones de la América.