Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.
Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y en el vacio que esa extension dejaba, colocó una Tierra Incógnita. Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas una X del problema de su descubrimiento.
Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos necesarios.
Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conjeturas y de luces.
Pensó que aquella tierra que él creía el Catai se extendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.
Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje, cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.
Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes.
Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que descuidase demostrarlo.
Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo lo dice en la primera de sus cartas, todo el confin del poniente partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado el principio de la India.