Sé que tornando en mí, como estuviese

sin comer y dormir bien cuatro días,

y sin que el cuerpo de un lugar moviese,505

las ya desamparadas vacas mías

por otro tanto tiempo no gustaron

las verdes hierbas ni las aguas frías.

Los pequeños hijuelos, que hallaron

las tetas secas ya de las hambrientas510

madres, bramando al cielo se quejaron.

Las selvas, a su voz también atentas,