a quien la tierra, a quien la mar se inclina.

Entonces, como cuando el cisne siente

el ansia postrimera que le aqueja,555

y tienta el cuerpo mísero y doliente,

con triste y lamentable son se queja,

y se despide con funesto canto

del espirtu vital que dél se aleja;[114]

así, aquejado yo de dolor tanto,560

que el alma abandonaba ya la humana

carne, solté la rienda al triste llanto.