»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]
dulces y graciosísimas doncellas,
que a la tarde salís de lo escondido,625
»con los cabellos rubios, que las bellas
espaldas dejan de oro cobijadas,
parad mientes un rato a mis querellas!
»Y si con mi ventura conjuradas
no estáis, haced que sean las ocasiones630
de mi muerte aquí siempre celebradas.
»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones