¡Ay, cuán diferente era

y cuán de otra manera[40]

lo que en tu falso pecho se escondía!

Bien claro con su voz me lo decía

la siniestra corneja repitiendo[41]110

la desventura mía.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,

reputándolo yo por desvarío,

vi mi mal entre sueños desdichado!115