No perdió en esto mucho tiempo el ruego,

que las tres dellas su labor tomaron,90

y en mirando de fuera, vieron luego

el prado, hacia el cual enderezaron.

El agua clara con lacivo juego[220]

nadando dividieron y cortaron,[221]

hasta que el blanco pie tocó mojado,95

saliendo de la arena, el verde prado.

Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,[222]

escurrieron del agua sus cabellos,