las quejas de su cruda y dura suerte!

¡Y cuántas otras, cuando se acababa55

aquel furor, en la ribera umbrosa,

muerta, cansada, el cuerpo reclinaba!

Bien te confieso que si alguna cosa

entre la humana puede y mortal gente

entristecer un alma generosa,60

con gran razón podrá ser la presente,

pues te ha privado de un tan dulce amigo,

no solamente hermano, un acidente;