cansada, y en mil partes ya herida;
y sin ver yo quién dentro me incitaba,
ni saber cómo, estaba deseando45
que allí quedase mi razón vencida.[315]
Nunca en todo el proceso de mi vida
cosa se me cumplió que desease
tan presto como aquesta; que a la hora[316]
se rindió la señora,50
y al siervo consintió que gobernase[317]
y usase de la ley del vencimiento.