quejarse, entre las hojas escondido,325

del duro labrador, que cautamente

le despojó su caro y dulce nido

de los tiernos hijuelos, entre tanto

que del amado ramo estaba ausente,[67]

y aquel dolor que siente330

con diferencia tanta

por la dulce garganta

despide, y a su canto el aire suena,

y la callada noche no refrena