su lamentable oficio y sus querellas,[68]335

trayendo de su pena

al cielo por testigo y las estrellas;

desta manera suelto ya la rienda

a mi dolor, y así me quejo en vano

de la dureza de la muerte airada.340

Ella en mi corazón metió la mano,

y de allí me llevó mi dulce prenda;

que aquel era su nido y su morada.

¡Ay muerte arrebatada!