[58] Este nombre, Nemoroso, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de Figueroa en su Templo militante, y de Lope de Vega en su Arcadia; San Juan de la Cruz en la Canción entre el alma y su esposo, dice: «Mi amado, las montañas, — Los valles solitarios nemorosos, — Las ínsulas extrañas, — Los ríos sonorosos, — El silbo de los aires amorosos...»
[59] Piérides, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas en urracas. (Ovidio, Metamórfosis, lib. V, fáb. IV.) No obstante la poesía suele llamar también Piérides a las Musas verdaderas, sin duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de Macedonia.
[60] Si Nemoroso y Salicio son Garcilaso ([nota al verso 2]), Elisa y Galatea deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El afortunado rival a quien alude Salicio en los [versos 127-137] y en el [180], acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece confirmar el epígrafe de la Canción primera en versos cortos, según el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.»
[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: Más convenible fuera aquesta suerte; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a bien respetarlo.
[62] coluna. Evolución tardía del cultismo columna. El grupo de consonante mn dio ñ en su primitiva evolución: damnu, daño; somnu, sueño. (V. R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 47,2,a.)
[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso «y se quita la superfluidad, y aquel blanco pecho, que tiene algo de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, el dorado techo, sobre el cuello, la coluna, con mayor encarecimiento». En cuanto a Herrera, lo que quisiera corregir es lo de blando pecho, y decir en su lugar blanco. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo: «¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente notado.»
[64] Cargar la mano; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje, sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del castellano: Por el paso en que me ves, te juro..., [Eg. II, v. 653]; Callar que callarás, [íd., 922]; Yo, para mi traer..., [íd., 899]; Dar al travieso, [íd., 952]; Daca, hermano..., [íd., 969]; Diz que..., [íd., 1076]; Entrar con pie derecho, [íd., 1467]; Dar de mano, [íd. 1478]; Tomar a destajo, [Eg. III, 193]; Traer por los cabellos..., [canc. IV, v. 7]; Darse buena mano, [Apéndice I]; A todo correr, [Apéndice I], etc. Complétase esta nota con las de los versos [360, Eg. I], y [142, Eg. II]. El culto Herrera se indignaba de esto.
[65] El Brocense enmendó aquello que; pero Herrera dejó aquella, interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o imagen se nos ofrece de noche y pone horror.»
[66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la h, pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V. [nota anterior, al verso 157].)
[67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo — quejarse un pajarillo — viendo su nido amado, — de quien era caudillo — de un labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos; nació en las Geórgicas de Virgilio, según Herrera, pág. 439.