[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas.
[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.
[70] Deseo insistir en la intención de la [nota al verso 289], de esta misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del castellano familiar, recordando al lado de esta: más ardiente que la llama, las siguientes: más dura que mármol, [v. 57]; más helada que nieve, [v. 59]; más fuerte que el hierro, [v. 265]; más rubio que el oro, [v. 274]; lo quiero más que a mis ojos, [Eg. II.ª, v. 747], etc.
[71] La noche de la muerte de Elisa.
[72] Aquel duro trance es el trance del parto. Lucina es Diana, a quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, Los dioses de Grecia y Roma, tomo I, pág. 119.)
[73] inesorable, inexorable; véase [Eg. II.ª, v. 253, nota].
[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya Salicio es ido! — ¡Salicio es ido! luego respondieron — Las selvas, redoblando su ruído... — Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo — No fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo — Por mano del sacrílego enemigo?... — Y tú, Venus dorada... — ¿Por qué no socorriste el doloroso — Trance de tu poeta?...»
[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su lado. (Véase Gebhardt, obr. cit., tomo I, pág. 133.)
[76] comovida; reducción de la forma culta conmovida; casos análogos tramontar, [Eg. I, v. 412]; ecelencia, [Eg. II, v. 1741]; comovió, [Eg. II, v. 1817]; lacivo, [Eg. III, v. 93], etc.; véase [nota al v. 1298 de la Eg. II].
[77] Tercera rueda: Juan de Mena, Las Trescientas, tercer cerco. «Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.)