[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto; porque Salicio comenzó al salir del sol.» y «Nemoroso acaba al poner del sol.» (Pág. 445.)

[79] recordando, despertando. De esta significación antigua de recordar hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase para los palacios — donde sus damas están — dando palmadas en ellas — Las empezó de llamar: — Si dormides, mis doncellas, — si dormides, recordad! — Las que sabedes de amores — consejos me queráis dar...» (R. Menéndez Pidal, El Romancero Español, The Hispanic Society of America, 1910, págs. 25-26.)

[80] Intervienen tres pastores: Albanio, Salicio y Nemoroso y la pastora Camila, ninfa de Albanio. «Esta égloga es poema dramático, que también se dice ativo, en que no habla el poeta, sino las personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533.

[81] Se ha creído que la fuente que aquí se cita es una que hay en Batres, antigua posesión de la casa del autor, de la cual dice Tamayo (fol. 45) que se ha conservado con el nombre de Fuente de Garcilaso, y como ilustre monumento de sus escritos se venera.

[82] Hay que leer sua-ve, en dos sílabas, y no su-a-ve, como rui-do, [canc. IV, v. 98]; en cambio dos versos antes del presente se encuentra ru-í-do; más adelante veremos como monosílabos peor, mío, míos, río, día, etc., [Son. VI, 7]; [Son. VII, 10]; [Son. VIII, 6]; [Son. XXVI, 13]; [Eg. II, 1472]; [Eg. III, 330]. «De esta sinéresis, enemicísimas de la buena prosodia, abusaron nuestros clásicos... a extremo tal, que más pueden pasar por vicio común de aquella época que por rudeza de oído de este o aquel versificador.» (V. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 411-413.)

[83] Claros ojos, delicada y blanca mano, cabello de oro y cuello de marfil; la belleza de Elisa ([Eg. I, v. 267] y sigs.) coincide exactamente con la de Camila que aquí describe Albanio; conviene apuntar la sospecha de que este Albanio no sea sino Garcilaso, y, asimismo, que la parte sentimental de esta égloga sea una nueva ofrenda del poeta hacia aquella dama cuyos amores, de que fue tan derretido ([Eg. I, nota al v. 2]), le inspiraron toda la égloga anterior, cuatro bellas octavas de la tercera (versos 217-248), las dos primeras canciones en versos cortos y acaso los sonetos XXV y XXVI. No he podido persuadirme de que Albanio sea el gran Duque de Alba, como se ha dicho. (V. adelante, [nota al v. 1716].)

[84] Conviene advertir de estos tercetos dichos por Albanio que son los más antiguos que hay en castellano, aparte los de Boscán, y de algo debe servirles este mérito frente aquella ventaja que puedan llevarles los de Quevedo, de los Argensolas y del gran incógnito sevillano, autor de la Epístola Moral (siglo XVII). (V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 237.)

[85] «Imita en estas tres estanzas la famosa oda de Horacio Beatus ille. No se pone aquí porque la saben aun los muchachos medianamente instruidos y porque tenemos en castellano más de veinte traducciones.» (Azara.)

[86] «Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosidades de los nobles de nuestra nación, me escribe que le parece que se ha de leer así: Que en nuevo gusto nunca el bien se pase. Basta su parecer para que se siga.» (Tamayo, fol. 46.)

[87] «Dice Virgilio, tomándolo de Homero, al fin del libro VI de la Eneida, que hay dos puertas del sueño: por la de marfil salen los sueños falsos, y por la de cuerno, los verdaderos. Ebúrnea es de marfil.» (Brocense, nota 118.)