[235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos canto amebeo, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.)

[236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de Toledo.

[237] Refiérese a las ruedas de las azudas, máquinas hidráulicas con que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se llaman azudas, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido, propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol. 73.)

[238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa, observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol. 73 y 74.)

[239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.)

[240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre. (V. [Eg. I, v. 2, nota].)

[241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez, y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (Poesías castellanas, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de Barahona de Soto, llamada de las Hamadríades, cuyo argumento, como se ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar.

[242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de degollada, igualada, que significa amortajada. Herrera afirma que degollada se tomaba por desangrada, «como decimos cuando sangran mucho a uno, que lo degolló el barbero.» Covarrubias en su Tesoro de la Lengua castellana, escribe: «Cuando sacan a uno mucha sangre por las venas, solemos decir que conviene degollarle, si el accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era que se leyese en el verso desangrada, puesto que D.ª Isabel murió de sobreparto. Tamayo acepta la voz degollada siguiendo a Herrera.» (Castro, pág. 22.)

[243] Dice al mar de Lusitania porque D.ª Isabel era portuguesa; había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V.

[244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»... (Tamayo, notas, fol. 76.)