«Y en medio de la guerra peligrosa...
Te acuerdas del amor y del ausencia
Y maldices allí el rigor de Marte
Pronosticando en ti dura sentencia...»
(Cristóbal Mosquera de Figueroa, Elegía a la muerte de Garcilaso, Anotaciones de Herrera, pág. 40.) Pocos meses después de escribir Garcilaso la presente Elegía se cumplió, en efecto, este siniestro presentimiento de su muerte.
[282] «Y se cumplió —su pronóstico— hasta en sus términos literales, porque murió... asaltando una torre como a su valor cuadraba, pero no cayó traspasado de hierro agudo y fuerte, sino prosaicamente descalabrado por una piedra...» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 147.)
[283] Las venas dulcemente desatado, es una cláusula casi absoluta en que el participio desatado no concierta con el substantivo de su oración, venas, sino con el sujeto principal, aquel, mantenido por el pensamiento aun dentro de la aposición; en prosa habría que decir, las venas dulcemente desatadas. Es tan rara tal construcción que las gramáticas no dan cuenta de ella; sin embargo, pueden recogerse algunos ejemplos:
—«Los alemanes, — El fiero cuello atados, — Y los franceses van domesticados.» (Garcilaso, [Canc. V, v. 18].) — «Desnuda el pecho anda ella.» (Góngora.) — «Desnuda el pecho, el brazo descubierta.» (Góngora.) — «Febo... cantó — Revuelto en oro la encrespada frente.» (Herrera.) — «estuve... ya entregado — Al agudo cuchillo la garganta.» (Ercilla.) — «El cuerpo de nieve pura — Que excede a toda blancura — Vestido del sol los rayos — Vertiendo abriles y mayos — de la blanca vestidura.» (Cristobalina Fernández.) (V. Castro, Poetas líricos, etc., pág. 31, nota.)
[284] Elogia también la playa de Barcelona, patria de Boscán, D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta V, a María de Peña (Auts. Esps. poetas líricos de los siglos XVI y XVII, pág. 59): «Que, como desparece Barcelona — Y huye aquella plaza gloriosa, — Ansí va enflaqueciendo la persona...»
[285] Alude a D.ª Ana Girón de Rebolledo, dama valenciana, esposa de Boscán. «Era de singular belleza, como se deduce de estos versos de Garcilaso. D. Diego Hurtado de Mendoza la llama sabia, gentil y cortés, en una epístola a Boscán. Este, en su respuesta, encarece la vida quieta, dulce y sosegada que llevaba en compañía de su esposa, de quien elogia con entusiasmo la belleza, bondad y discreción. Dícese que juntos leían y saboreaban los poetas clásicos, especialmente Homero, Virgilio, Catulo y Propercio, lo cual arguye en pro de la cultura literaria de doña Ana... Al frente de las ediciones de Boscán va un prólogo que, bien leído, a nadie puede ser atribuido sino a D.ª Ana...» (M. Serrano y Sanz, Apuntes para una Bibl. de Escritoras Españolas, Madrid, 1903, tomo I, pág. 459. V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 131-136.)