[328] Palestra: «En la habla griega significa lucha. Halló la palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia; y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera, Anotaciones, 269.) Garcilaso dice la polvorosa palestra, por el lugar o sitio donde se lucha.

[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la Flor de Gnido era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante, que comienza: Andrete senza me, chara Violante...» Tal noticia defiende mucho a Fabio en cuanto a la propiedad de esta Canción de Garcilaso; mas, por lo que toca a Mario, candidato de Herrera, siendo joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer que también escribiría versos.

[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle; quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.)

[331] «Esta fábula cuenta largamente — Ovidio, Metam., lib. XIV, fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.» (Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes — que los días se me alarguen...» (V. Auts. Esps. Poetas líricos de los s. XVI y XVII, pág. 73.)

[332] Por las venas la sangre iba... Los comentadores de Garcilaso han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación científica del inglés Hervey.

[333] «Es Némesis la venganza divina que castiga los soberbios y sus arrogancias.» (Herrera, 273.)

[334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó. Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 227-232.

[335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus Rimas Sacras, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto, «con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, Barahona, pág. 68.)

[336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser — Dar lanzada a moro muerto...» (Herrera, pág. 82.)

[337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado. Herrera le impone una diéresis violenta: Y-en-do-me a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo: Yen-do-me-a-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como se ve en Lope: Se-a-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora: E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín, l. c. en la [nota, Eg. II, v. 15].)