[348] como perdidos: ciegamente como locos. (V. [Canc. I, verso 12].)
[349] turo de turar: durar, permanecer. En los valles del Pirineo aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de aturar: «atúrame exas crabas:=» detenme esas cabras.
[350] tamaño, tam magnus, quiere decir propiamente tan grande, pero aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no se puede vivir en clima tan frío. Del uso de esta palabra en este verso han hablado largamente Herrera, Prete Jacopin y Tamayo de Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 680-681.
[351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de Garcilaso.» (Azara.)
[352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía inspirado de mejor Numen: ¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!» (Cienfuegos, Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 52.)
[353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado — Iré en tu curso largo y extendido, — en llanto desatado — Seré en tus blancas manos recogido.» (Anotaciones, pág. 129.)
[354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre, que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, Metam., lib. I, fáb. X.)
[355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n pren aixi com dona ab son infant, — Que si veri li demana plorant, — Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (Cants d’Amor, XXVIII.)
[356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo, por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la Canción A la Flor de Gnido.
[357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra los franceses.