[358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que llamaron bombarda, del estruendo y ardor, y nosotros lombarda... Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas, que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman morteros.» (Herrera, págs. 149-150.)
[359] Parténope es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la [Eleg. II, v. 38].
[360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.)
[361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían cambiarse nuevas, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha de ser ridículo de puro exquisito, este modo de explicarse? Azara es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las dificultades de que Azara protesta.
[362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del presente soneto.
[363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase largueza en vez de guerra, palabra que, a mi juicio, aclara más el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la largueza del camino, es decir, deseando abreviar su vida.
[364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera, pág. 168.)
[365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.)
[366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama, pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él». (Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación más material que espiritual; sin embargo, Azara dice que «las circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que no satisfacen».
[367] gonna: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta, considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor, se duele de que su herida no hubiese pasado más allá de la gonna. Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable cuando se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.)