[368] Dice la Pipota en Rinconete y Cortadillo: «Holgaos, hijos..., que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V. ejemplos en Herrera, Anotaciones, págs. 175, 186, y F. Rodríguez Marín, Barahona, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, — placer vos querades dar — que si esperáis a vejez — no vos querrá un rapaz.» (R. Menéndez Pidal, El Romancero Español, The Hispanic Society of America, 1910, pág. 26.)
[369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D. Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario de Leo el Amor preso, y a ella dedicó el Gesualdo sus Comentos en Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y donaire.» (Herrera, pág. 187.)
[370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar décima Musa a una dama docta, como cuarta Gracia a una dama bella, siendo nueve las Musas, las moradoras del Parnaso, y las Gracias, tres; D. Adolfo de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa antequerana (Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII, Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (Luis Barahona de Soto, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de España, y no primera, sino única, del gallego».
[371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso poema Il Vendemmiatore, que la Inquisición condenó, y de Le Lagrime di San Pietro. Estuvo con Garcilaso en la expedición a Túnez. — Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano († 1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. — Bernardo Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de Aragón y padre del famosísimo Cisne de Sorrento, que escribió la Jerusalén conquistada y la Aminta. Bernardo Tasso fue autor del poema Amadigi (Amadís de Gaula).
[372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas.
[373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama.
[374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar.
[375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto [VII]; dio cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto [XXVIII], guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena misteriosa, [soneto V]; un feliz descuido del tocado, soneto [XXII], le arriesgó a un consejo malicioso, soneto [XXIII], y, al mismo tiempo, lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos [XV], [XX], [XXVII], [XXX] y [XXXI]. Llegó la empresa de África: el poeta, desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto [XXXV]; y desde Sicilia, a su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y mudanzas, [Elegía II]. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de 1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió poco después de su llegada; en los sonetos [XXV] y [XXVI] hay un hondo dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre. (V. Eg. I., v. 2, [nota].)
[376] «Niega Morel-Fatio (L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle, pág. 602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso, porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso, en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la [nota a la Canc. II, v. 68]), y nada tiene de particular que los emplease imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas: Amor, amor, me ha un hábito vestido. Esta refundición lleva en los manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición, también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una canción.» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 221, nota.)
[377] salvatiquez, en italiano selvatichezza. La e de la primera sílaba de selvatiquez se ha transformado en a, por asimilación de la a siguiente, por influencia de la forma vulgar salvaje (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: balanza (bilance), zarcillo (circellu), ant. cercillo, etc. (V. R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo: parálisis, dejose influir por la forma vulgar perlesía, dando origen a paralisía. (Bulletin de Dialectologie romane, Bruxelles, 1909, pág. 126.)