a la sombra volando,
y entre varios olores
gustando tiernas flores,
la solícita abeja susurrando;
los árboles y el viento75
al sueño ayudan con su movimiento.
¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?
¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojas
la cuerda al pensamiento o al deseo.
¡Oh natura, cuán pocas obras cojas80