En mostrando el aurora sus mejillas
de rosa, y sus cabellos de oro fino
humedeciendo ya las florecillas,205
nosotros, yendo fuera de camino,
buscábamos un valle, el más secreto
y de conversación menos vecino;
aquí con una red de muy perfeto
verde tejida, aquel valle atajábamos210
muy sin rumor, con paso muy quieto.
De dos árboles altos la colgábamos,