y habiéndonos un poco lejos ido,

hacia la red armada nos tornábamos,

y por lo más espeso y escondido,215

los árboles y matas sacudiendo,

turbábamos el valle con ruído.

Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo

delante de nosotros, espantados

del peligro menor, iban huyendo,220

daban en el mayor, desatinados,

quedando en la sutil red engañosa