La cena fué bastante frugal: pan, queso y aceitunas; Antonio, empero, sacó una bota de excelente vino. Despachamos los manjares a la luz de una lámpara de barro puesta en el suelo.
—Ahora—dijo Antonio a la más joven de las tres mujeres—tráeme el pajandi[92], que voy a cantar una gachapla[93].
La muchacha trajo la guitarra, y el gitano, después de templarla con cierto trabajo, rascó vigorosamente las cuerdas y se puso a cantar:
—Gitano, ¿por qué vas preso? —Señor, por cosa ninguna: Porque he cogío un ramá Y etrás se bino una mula.
Caminito de Antequera Preso llevan a un gitano, Porque se encontró una capa Antes de perderla el amo.
El canto y la música duraron mucho tiempo. Las dos mujeres jóvenes no se cansaban de bailar, mientras la vieja hacía a veces restallar sus dedos o medía el compás golpeando en el suelo con el palo. Al fin, Antonio, soltó bruscamente la guitarra, y dijo:
—Veo que el Caloró de Londres está cansado; basta, basta; mañana continuaremos. Ahora vámonos al charipé[94].
—Con muchísimo gusto—dije yo—. ¿Dónde vamos a dormir?
—En la cuadra, en el pesebre. Aunque en la cuadra haga frío, estaremos bastante abrigados en el bufa[95].[*]