Carracho, ¿quién es este nuevo compañero?

En el acto comprendí que el recién llegado no era gitano; las mujeres no dijeron nada, pero oí a la abuela rezongar como un gato viejo cuando le incomodan. El individuo repitió:

Carracho, ¿cómo ha venido aquí este compañero?

No le penela chi, min chaboró—me dijo en voz baja la Callee negra—; sin un balichó de los chineles[108]. Y, volviéndose al preguntante, continuó en voz alta: Es uno de los nuestros que viene con matute de Portugal y a ver a sus hermanos de aquí.

—Entonces me dará algo de tabaco—respondió el individuo—. Supongo que habrá traído.

—No tiene tabaco—dijo la Callee negra—. No ha traído más que hierro viejo. El único tabaco que hay en casa es este cigarro; tómalo, te lo fumas, y te vas.

Al decir esto, se sacó un cigarro del zapato y se lo ofreció al alguazil.

—No me voy—dijo éste guardándose el cigarro—. Tenéis que darme algo mejor. Hace ya tres meses que no me dais nada. El último regalo fué un pañuelo inservible; por tanto, o me dais algo que sea bueno, o vais todos a la cárcel.

—¡El Busnó quiere prendernos!—dijo la Callee negra—. ¡Ja, ja, ja!

—¡El Chinel quiere prendernos!—dijo con fisga la más joven—. ¡Je, je, je!