Antonio.—Así lo haré, y cuando los vientos del Noroeste no permitan salir al mar, leeré en el regalo de su merced. Adiós, mi capitán; cuando vuelva usted a Finisterre espero que vendrá en un buen barco inglés, abarrotado de contrabando, y no por tierra en una jaca, ni en compañía de nuveiros y gente de Padrón.
Al instante llegó la criada del alcalde con una canasta que puso en la cocina, y preparó una cena excelente para el amigo de su amo.
Servida la cena, el alcalde se despidió de mí, no sin preguntarme en qué podía serme útil.
—Mañana me vuelvo a Santiago—respondí—. Espero sinceramente que alguna vez se me presentará ocasión de dar a conocer al mundo la hospitalidad que he recibido de un hombre tan docto como el alcalde de Corcubión[25].
CAPÍTULO XXXI
La Coruña.— Paso de la bahía.— El Ferrol.— El astillero.— ¿Dónde estamos?— El embajador griego.— A la luz de un farol.— El barranco.— Viveiro.— La noche.— Ciénagas y tremedales.— Buenas palabras y buena moneda.— La cincha de cuero.— Ojos de lince.— El bribón del guía.
Desde Corcubión volví a Santiago y La Coruña, y comencé los preparativos del viaje a Asturias. En Santiago vendí el caballo andaluz. Los viajes por Galicia le habían quebrantado mucho, y me pareció incapaz de hacer las largas caminatas por país montañoso que me aguardaban. La escasez de caballos en La Coruña era tan grande, que no me fué difícil vender el mío por mucho más dinero del que me costó. Un comerciante de La Coruña, joven y rico, se enamoró de su pelo lustroso y de la largura de su crin y de su cola. Por mi parte tenía más de un motivo para alegrarme de venderlo: estaba resabiado y sin domar, y no hacía más que buscarme cuestiones en las cuadras de las posadas donde parábamos a dormir o a comer. Un labrador de Castilla la Vieja, a cuya jaca trató de mala manera mi caballo, me decía en cierta ocasión:
—Señor caballero, si se quiere usted bien o en algo se respeta, deshágase de ese animal, que puede ser su perdición; créame usted.
En La Coruña se quedó, donde murió del muermo, según supe más tarde. ¡Paz a su memoria!